mis padres fueron radicales, yo soy peronista, lo de progre vino por default. no entiendo lo de guardar secretos y siempre lloro en todas las sesiones con mi analista así siento que no desperdicio 700 pé. mi último gran descubrimiento es que soy una discapacitada vincular. lo específico nunca fue mi fuerte, amo odiarme y te juro que soy mejor con la cara en movimiento.

la unica diferencia entre la realidad y la ficción es que la ficción debe ser verosímil .- mark twain

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dijo de belén el caricaturista historiador bobrow: "el idiolecto de la autora de este blog asume todos los tópicos culturales más políticamente incorrectos de occidente sin por ello asumir su carga ideológica".

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viernes, 16 de noviembre de 2012

el peor día de tu vida

hoy me levanté con una muy mala noticia.
intenté hacer mis actividades de la mañana como cualquier otro día.
volví a casa para almorzar y prendí el horno para hacerme una milanesa, sin darme cuenta que había una fuente de plástico adentro. para cuando me enteré, la casa y el horno eran el monumento al plástico quemado. fastidiada, abrí todo intentando ventilar, y almorcé una fruta.
como esta semana nada fue como debería haber sido, respiré hondo y decidí que lo peor ya había pasado. me cambié y me fui a comprar el pasaje para madryn. en el trayecto, se me rompió un pedazo de taco de la sandalia, por lo cual caminé dando saltitos todas las cuadras que me separaban del bondi y mi destino. me tomé el 132 y obviamente no noté que era un viernes a la tarde, por lo cual la ciudad era un caos. tardé una hora y media en llegar al lugar, cuando a esa hora tenía que estar encontrándome en la otra punta de la ciudad con un historiador ocupado al cual era patético que yo, o sea nadie, dejara plantado. no tenía el celular ni nada para avisarle, por lo cual empecé a entrar en un estado de desesperación. estado que, a decir verdad, me asalta seguido en esta ciudad; sentirme atrapada en calles llenas de gente me genera una fobia horrenda que hace que el corazón me lata a mil y empiece a transpirar. casi paralizada intentaba pensar, pero nunca fui canchera para solucionar nada, menos que menos lo soy para moverme en una buenos aires encastrada de autos. mientras compraba el pasaje (casi que me toca comer las garrapiñadas mientras viajo) y soportaba que la idiota de la cajera me dijera que la de la foto de la cédula NO ERA YO (si señora, soy yo) NO SE, NO SE PARECE, NO TIENE OTRA IDENTIFICACIÓN (si señora, tengo el carnet de conducir) AH, PERO ESTE CARNET ES DE MADRYN (¿¿¿y???, ¡dice que soy yo igual!). los minutos seguían pasando y para cuando logré convencerla de que me vendiese el pasaje eran las 16.40 (a las 16.30 tenía que estar con el historiador importante en puan, dato no menor). transpirando a cuatro manos salí y corrí un par de cuadras (les juro, no hago cosas muy lógicas cuando estoy en estos estados) e hice lo primero que se me ocurrió (mucha serie yanqui me pa), me tome un taxi.
TERRIBLE ERROR. en cuanto me senté y abrí la billetera vi que solo tenía 50$. no tenía ni idea de cuánto saldría un taxi hasta puan, pero ¿si salía más, qué?. el taxista me miró y en un ataque de sinceridad desesperada, le largué: mirá, tengo cincuenta pesos nomás, llevame hasta donde llegues. estoy apuradísima, además.
el tipo me miró y solo atinó a contestar:
- es viernes y son casi las 5 de la tarde. andá haciendote el cuadro de la situación.
me mordí el labio con desesperación y asentí mientras el tachero me miraba curioso por el espejo retrovisor. obviamente avanzabamos a paso de hombre por las calles de esta ciudad de mierda y mi locura crecía. ¿qué le iba a decir al historiador importante? pero que pelotuda que era, como podía ser que viviendo hace 6 años todavía no hubiese aprendido a resolver las situaciones del orto que me generaba esta ciudad de mierda la puta que me parió.
el taxista sin tener nada que hacer debido a lo trabado que estaba el tránsito se dedicaba a observarme por el espejo retrovisor.
- tranqui, petisa. nada puede ser tan importante.
belén.- no, claro.
- ¿qué pasó?
belén.- nada, nada.
- no parece.
belén.- estoy teniendo un día de mierda. es eso.
- veo. 
belén.- si.
desbordada por todo (la situación, la ciudad, el tránsito, mi odio hacia mi misma, el día de mierda que estaba teniendo y el tono amable del taxista) se me llenaron los ojos de lágrimas. miré por la ventana intentando concentrarme para no hacer papelón. pensá en cosas lindas belén, en las olas, el viento, sucundún sucundún, te vas a ir a madryn, pinguinos, no mas colectivos, haceme el favor de no ser tan ridícula para llorar en el taxi, dale, concentrate. inútil, las lágrimas se agolpaban y me nublaban la situación y más o menos a la altura de Av. Rivadavia al 2000 empezaron a escaparseme una tras otra sin remedio. mirá por la ventana belén, no seas papelonera por favor la puta que te parió pensaba mientras apretaba los dientes, la concha de la lora dios mio belén basta basta.
- nooo, no me digas que estás llorando.
belén.- no, no, está todo bien no te preocupes.
- pero si estás llorando.
belén.- no no, no son lágrimas.
- ¿es sangre? no me digas que estoy transportando a la virgencita milagrosa.
el guiño amable hizo que las lágrimas que intentaba contener empezaran a salir en borbotones.
belén.- no es nada, es un ataque de histeria, ya se me va a pasar.
- nooo, pero no llores que me matás y voy a tener que bajar a comprarte un helado o algo.
belén.- decís eso porque no me conocés.
- no, claro. si te conociese mínimo te tengo que llevar de paseo a mar del plata.
como pude, le sonreí, intentando parecer digna entre la escena entre patética y ridícula que estaba protagonizando.
- dale petisa, contame. pensá que no me vas a ver nunca más, aprovechá.
belén.- nada, estoy angustiada y esta ciudad... es como que saca lo peor de mi, es eso. siento que me expulsa.
- es jodida buenos aires. ¿de dónde sos?
belén.- de madryn
- naaaa, en serio.
belén.- si. y siento que me ahogo acá. la gente, los autos, la soledad. te juro que me matan. cuando se combina todo, me parte al medio y no puedo manejar la situación. me desborda.
- yo soy de perú.
belén.- ¿en serio? no tenés acento, nada.
- vos si tenés.
belén.- ¿si?
- se te nota que no sos porteña de lejos petisa.
belén.- che, estamos llegando a los 50 mangos. dejame por acá, tengo la sube, me tomo algo desde acá.
- naaa, dejate de joder.
belén.- no, en serio.
- la próxima me pagás.
belén.- jajaa.
- va con intereses eh. nos vemos mañana a la misma hora y en el mismo lugar. ¿vivís por ahi?
belén.- no, por almagro.
- jodeme. yo también.
belén.- uh, somos vecinos, ahora si me vas a venir a cobrar en serio.
- vivo en gascón y perón. el hospital italiano, ubicás.
belén.- si, si. somos re vecinos. yo por parque centenario.
- te veía cara de petisa conocida.
belén.- jajaja
- pero si te reís tenés que dejar de llorar che.
belén.- perdón. cuando empieza no puedo pararlo.
- bueno, pero por lo menos te saqué unas sonrisas. sos jodida para sonreir eh.
belén.- no. es solo que estoy teniendo un mal día.
- jodida sos. se te nota.
belén.- quién sos, ludovica vos.
- ehhh
belén.- en serio. si no me quedase un poco de sentido del ridículo iría gritándo QUE MAL QUE LA ESTOY PASANDO.
- jajaja.
belén.- dejame acá, en serio. te voy a deber mucho y no quiero.
- me hiciste el chiste de gaudio. ahora te tengo que dejar en la dirección convenida, aunque sea tarde.
belén.- al pedo estoy yendo en realidad. ya se debe haber ido.
- si no te esperan a vos, petisa, son tremendos giles.
belén.- jajaa, que chamuyero.
- nunca hablé más en serio.
belén.- claro, así toda transpirada re garpo.
- obvio. garpás más que limpita, sabelo.
belén.- ya está. 40 minutos tarde es demasiado. ¡y encima te debo 20 mangos!
- no me debés nada. entre vecinos está bien.
belén.- en serio, dejame por acá.
- pensalo como una cadena de favores. al próximo que necesite una mano se la das por mi. ¿estás llorando otra vez? ¿por qué???
belén.- no se...
- pero... después de tanto trabajo...
belén.- es acá. gracias che, en serio. 
- una cal y una de arena. si esta ciudad te expulsa, seguro que va a haber muchos como yo intentando que igual quieras quedarte.

me bajé y lo saludé con la mano. el historiador importante ya no estaba, obviamente. presenté los papeles para iniciar el trámite del título. cuando terminé, salí de puan y un vagabundo tirado en el piso me pidió una moneda, le di el peso que me quedaba en mi vacía billetera y me saludó al grito de yo sabía que lo bueno venía en frasco chico.
caminé hasta rivadavia y me tomé el subte.
sentada en los viejos vagones y con los auriculares puestos, seguí llorando pero ahora al ritmo de esta canción:

jueves, 18 de octubre de 2012

buenos aires me mata o aguanten los pochoclos

la semana pasada fui a la facultad a escuchar una charla que organizó mi amigo n.- terminó tarde, estaba feo y la humedad agobiante de esta ciudad de mierda me aplastaba, asique decidí tomarme un taxi para recorrer las escasas 20 cuadras que me separaban de casa, convencida de que en un abrir y cerrar de ojos estaría en casa cómoda, en patas y peleándome con isidora.

caminé un par de cuadras por puan hasta que ví venir un taxi con luces violetas (si). primer señal que no respeté, por cierto. lo pare y me subí. le dí la dirección al taxista (un hippie decadente de unos 40 años con pelo largo y pinta de no haberse bañado hace un par de días) y me puse los auriculares para no escuchar el punchi punchi de una música electrónica deforme que estaba escuchando a todo volumen. de pronto veo que dobla para el lado equivocado. espero una cuadra, a ver si se daba cuenta del error, pero ni se inmutó. titubiante, le digo:
belén.- es para el otro lado
me responde un tanto violentamente:
- ¿no me dijiste carabobo flaca?
belén.- ¿eh? no.
- si, me dijiste carabobo
belén.- no te puedo haber dicho carabobo, te dije la dirección de mi casa.
- (bufando) me dijiste carabobo flaca. estoy harto de que las minas no sepan ubicarse.
belén.- estoy bastante segura de que me se la dirección de mi casa, te juro. mi novio ya me sacó la chapita del cuello, me deja salir sola.
en medio de sus bufidos, le repetí la dirección nuevamente. dobló dos veces bruscamente y se ubicó para el lado correcto. bha, en realidad, volvimos a puan. el taxímetro marcaba 17$ y no me había acercado a mi pijama ni dos metros. mierda.
me vuelvo a poner los auriculares y veo que el hippie andaba a 20 por una calle desierta. el primer semáforo de puan lo agarramos en rojo. el segundo... también. no es novedad que si algo no me sobra es la paciencia, ver que se ponía en verde y el PELOTUDO no se movía porque ESTABA CONTESTANDO UN MENSAJE DE TEXTO me sacó la mente.
belén.- está en verde. ¿podés hacerme el favor de arrancar?
- ehhh que te pasa, ¿estás apurada?
belén.- no, tengo todo el tiempo del mundo, por eso me tomo un taxi.
me puse nuevamente los auriculares para no escucharlo putear. tuvimos un viaje relativamente en paz hasta llegar a acoyte, en donde saqué una bolsita con caramelos. abrí uno y me lo puse en la boca. el PELOTUDO estaba OTRA VEZ parado en un semáforo y se dio vuelta como un desquiciado, diciendome algo que no entendí.
me saqué los auriculares resignada:
belén.- ¿qué?
- ¿QUE ESTÁS HACIENDO?
belén.- ¿eh?
- ESTAS COMIENDO POCHOCLOS EN MI AUTO SUCIA
belén.- (no entendía que estaba pasando) ¿qué?
- QUE QUÉ ESTÁS COMIENDO, NO TE HAGAS LA IDIOTA
belén.- ¿qué te pasa chabón, no te tomaste la pastillita hoy?
- ES MI AUTO, NO SE COME POCHOCOLOS Y SE ENMUGRA TODO MI AUTO CON POCHOCLOS SUCIA
belén.- ¿pochoclos? ¿de qué estás hablando?
se puso en verde el semáforo y el chabón se semi estacionó a un costado de la calle.
- que estás comiendo nena, ¿no puedo preguntarte estiradita de mierda?
belén.- la verdad que no
- ME ESTÁS ENSUCIANDO EL AUTO SUCIA
belén.- ¿eh??? no te ensucié nada, y si de sucios hablamos en realidad...
- NO SE PUEDE COMER EN MI AUTO
belén.- ¿podés cortarla y llevarme a dónde te dije?
- NO, BAJATE DE MI AUTO YA.
es el preciso momento que eligió para bajar las trabas.
belén.- encantada de bajarme, no quisiera que me asesines con tus delirios pochoclísticos, pero tenes que abrir no cerrar la puerta.
- PRIMERO PAGAME
belén.- ni en pedo. me diste vuelta como una calesita, anduviste a 20, paraste en todos los semáforos y encima no me dejás en la puerta de mi casa, ¿estás en pedo? 
- no te bajás hasta que me pagues.
belén.- esto se está poniendo creepy. abrime la puerta porque sino empiezo a gritar, salame de cuarta.

después de un forcejeo que me llevó unos 5 minutos más y que me hizo transpirar como nunca en mi vida logré que el PELOTUDO me abriese la puerta e irme sin pagarle.

caminé las 7 cuadras que me separaban de mi casa recordando mi otra historia tenebrosa arriba de un taxi, hace unos años. lo conté acá: http://paremosdesufrir.blogspot.com.ar/2011/10/delicatessen-portena.html
la verdad que a veces no entiendo que carajo estoy haciendo en esta ciudad.
que querés que te diga. buenos aires me mata.

miércoles, 12 de octubre de 2011

delicatessen porteña


Salí del teatro cagada de frío. Se me había dado por comprarme uno de esos enteritos de jean tipo short y strapless que están de moda. La moda siempre fue paralela a mí, ustedes saben, no es algo con lo que me tope muy seguido. Pero ayer a la tarde pasamos con Fernando por uno de esos localcitos escondidos y lo vi. Me lo probé y le pregunté a Fernando su opinión. Él, con una sonrisa que quería ser cómplice, me respondió:
- y, mirá, te queda como un salchichón.
Quién me conoce sabrá que soy de las que se ofenden rápido. Inmediatamente abrí la cortina dispuesta a vengarme del desalmáo y hacerle una escena. Miré a la vendedora y en un tono que mezclaba a la vez capricho y diversión, le solté:
- me dijo que parezco un salchichón! Que guacho!
La vendedora, no se si en su afán de vender  o porque instintivamente decidió ponerse del lado de nuestro genero, se río y me dijo que estaba divina. Yo, chocha. Imagínense que no hay nada que me guste más que que me recuerden lo linda que soy.
Para variar, me lo puse ese mismo día, a la noche. Mi mamá siempre se quejaba de que conmigo la ropa “de salir” no existía.  Si Belén se compraba algo tenía que estrenárselo  en ese mismo momento, y,  de ser posible, no sacárselo por tres días. Los que me acompañan en esta cosa de existir hace ya varios años recordarán mi vestidito rojo de gamuza... cuando me lo compré, fue amor a primera vista. Mi vieja tenia que correrme por el jardín para sacármelo y ponerlo a lavar, y se angustiaba porque yo lo usaba para todo : me lo ponía para ir a los cumpleaños, para jugar a “Dracula” y para subirme a los árboles.
En fin. Como uno se pone viejo pero las mañas siguen ahí, desprecié los nubarrones y la lluvia que se avecinaban sobre BsAs y me puse mi nuevo enterito para ir al teatro. De más esta decir que entendí mas pronto que tarde el terrible error que había cometido. Se estaba poniendo fresco, y, no se bien porque, por la zona del obelisco los ventarrones agarran mucha más fuerza. Igualmente cada vez que pasaba por un espejo o vidriera metía la panza para adentro,  me miraba y me sentía realizada. El tema fue cuando salimos. Típico de nosotros (un nosotros que comprende a Fernando y a mi, en esta relación new age que  genera sonrisitas entre cómplices y extrañadas), fuimos a ver a Gasalla pero a la fila mas barata. Somos tops, pero tampoco tanto. 
Al final de la obra la típica calma fernandina junto con el hecho de que el teatro estuviese lleno (igual, tanto brillo y taco alto no hizo flaquear mi amor a mi nuevo enterito) provocó que fuesemos los últimos en salir. Ni bien saqué la trucha del teatro supe que me iba a congelar esperando el colectivo, asique lo miré a Fernando y le dije:
- nos vamos en taxi, no lo negocio.
Fernando con toda la parsimonia asintió, y caminó con tranquilidad. Claramente es de esa gente que piensa que el mundo lo espera, o que, simplemente, uno tiene que ir andando y ya se verá. Convengamos que yo con un polar como el que él traía puesto también hubiese pensado de forma tan zen (bueno, tal vez no)…pero me cagaba de frio y  nunca me caractericé por mi paciencia. Fernando, sabiendo que era su deber ser un caballero, me ofreció titubeante su polar. Conociendo su baja tolerabilidad al fresco (y además porque no quería resignarme a tapar mi bello enterito, claro está) se lo rechacé con un mohín que expresaba mi creciente mal humor. Bruscamente traté de salirme del montón de gente que se atropellaba por alcanzar uno de los pocos taxis que pasaban por corrientes a las 2 am. 
Fernando, siempre tan tranquilo él, se dispuso a esperar detrás de una larga cola. Impaciente, y no de la mejor de las formas, le gruñí: 
-   crucemos la calle, apurate.
Por el medio de la avenida había logrado vislumbrar que venía un taxi, y estaba dispuesta a tomármelo aunque fuese lo último que hiciese, con o sin Fernando.
Increíblemente, logré que el taxista frenara en el medio de la calle y nos subimos. Al resguardo del frio la vida era mucho mas bella, asique me dispuse a desactivar mi mal humor. Sonriente, le dije al taxista la dirección.    
-- ¿es esa la esquina de Avellaneda?
Un poco asombrada por la ubicación del hombre asentí. Me apoltroné sobre el asiento trasero y miré a Fernando. Me dispuse a iniciar una charla agradable sobre la obra que habíamos visto. Solo habíamos cruzado unas pocas palabras cuando el taxista nos interrumpió:
- ¿la obra de Gasalla vieron? ¿que tal?
Pese a que hace seis años que vivo en BsAs, todavía me cuesta adaptarme a esta situación tan porteña en donde los desconocidos suelen iniciar charlas con gente como yo que aplicamos instintivamente esas máximas de “cuidado, no hables con extraños”. Suspiré y, en plan de ser tolerante, puse mi mejor sonrisa, intentando ser amable:
- estuvo bien, no se. Un poco verde, no nos gusta el humor tan burdo.
El taxista asintió y pareció darse por satisfecho. Acto seguido miré a Fernando intentando reiniciar la charla, mientras el tipo cambiaba la canción que veníamos escuchando y subía un poco, demasiado tal vez, el volumen. Mi intención de ignorar al tachero no logró llegar a buen puerto, ya que me desconcertó que un tipo de cincuenta y largos este escuchando el tema loca loca loca de Shakira. Lo miré a Fernando divertida y le comenté: 
-          ¿viste? Al final dice: soy loca come tigres, loca loca loca.
El tipo inmediatamente aumenta la voz, buscando sobrepasar a una Shakira que cantaba bastante alto: 
-          ahh, ¿dice eso? Yo escuchaba soy loca come pibes y me decía a mi mismo: pero esta Shakira ya esta estrellada.
Dado que Fernando parecía decidido a no responder y dejarme toda la responsabilidad del dialogo con el extaño a mí (como hace siempre, bha) sonreí con esfuerzo otra vez y dije: 
-          si, parece que dice come tigres, o como un tigre, algo así. Yo antes pensaba que decía: soy loca convencida, pero se ve que no.
El tipo lanzó una carcajada un tanto histriónica, y de pronto se puso como contento. Supo reconocer que le estaba dando un espacio y parecía dispuesto a no desaprovecharlo. Era su momento, y casi sin darnos cuenta comenzó a monologar a una velocidad increible:
--  Usté sabe, yo soy de una familia pobre de la provincia, 19 hermanos tengo, o tenía, vaya a saber cuantos quedan ya. Poooobres pobres, pobrísimos le diría. Tanto es así que imagínese que cuando uno es pobre pobre como éramos nosotros la gente ricachona le regala la ropita, ¿vio? Esa ropita que no le sirve, y uno se la via a poner así, porque es pobre. Pero tuve la desgracia, imagínese, de que yo le seguía a mi hermana, ¿vio? Asique yo heredaba soleritos, vestiditos, esas cosas. En el barrio no podía ni agacharme pá agarrar una moneda, ya que los muchachos se ponían cariñoso imagínese, yo, la solerita, en fin, usté me entiende.
La cara de asombro mezclada con terror de Fernando tras las declaraciones del hombre fue instantánea. A mi, que de porteña tengo nada pero de buscar almas gemelas tengo mucho, y que se que en esta ciudad la gente anda solita su alma, mas que en otros lares, me enterneció. Y a mí cuando un tipo me da ternurita cagué, ya entré como vaca al matadero. De pronto sentí que ese tipo y yo teníamos tan poco en común que estábamos hermanados vaya a saber porque. Divertida, lo alenté a seguir con un monologo que parecía ensayado frente al espejo del baño: 
-          ¿ah si? – dije muy seria. – Y, es que es fiero ser pobre.
- Claro m´hija. Además imagínese, pobre y negro, y bastante bruto. Que nada, una vez me rompí un dedo, fíjese, el de fakiu este que tengo acá, ¿lo ve? Duro lo tengo. Resulta que fui al dotor y me dijo: mire, más que enseyarselo, le voy a dar una cremita que se lo va a dejar durito durito. Y yo: ah que bueno  dotor, que lo que menos quiero es un dedo enyesado, que ni daba. Cuestión que le cuento a mi abuelo, ¿vio? Que vivíamos todos juntos en la casa grande, y el abuelito me dice enseguidita que si le prestaba un poco de esa crema, el me daba diez pesos. Imagínese que diez pesos para mi era la lotería, asique ahí se la lleve a la crema. Cuestión que a la mañana siguiente el abuelo se me aparece con $30. Y yo siempre fui de fiar, fíjese, que le dije: pero no abuelito, que eran 10 no 30. A lo que el viejo me respondió: ah, si m´hijto, el resto se lo manda la abuela.
Hizo una pausa, como esperando los aplausos. O tal vez para respirar, que se yo. Fernando seguía con los ojos como platos, asique me reí un poco mas de lo que ese chiste tan viejo y predecible podía causarme, intentando que el silencio de la mitad de su publico no se note tanto. Contento con el resultado, contraatacó:
- Porque los viejos son así, ¿vio? No se mueren si no quieren morirse. Mírele que yo la única desgracia por la que me quejo en la vida es la de la suegra que me toco. La vieja no es mala, no, pero si muy desagradecida. Fijate que hace un par de años que le compré un nicho en la Recoleta, ¿vio? Que bien caro me salió, y la vieja ni quiere usarlo, eso no se hace, no no no.
Impresionada, sonreí otra vez, esta vez acompañada de la sincera carcajada de Fernando. El tipo me miraba por el espejito retrovisor y yo sabia que él sabia que ya estaba, que ya me había ganado, y que ya no podría cortarle la conversación. Admitiendo mi derrota, comenté como al pasar, debido a que en ese momento sonaba  “La bomba loca”, de Cordera:
– que música alegre que tenés
- ah si, ¿vio? Es que la idea es que la gente se lleve algo del taxi, y no que solo le duelan los bolsillos al bajar.
De pronto miré al asiento que tenía enfrente y me di cuenta de  que la dentificación del conductor que suelen tener todos los taxis porteños no estaba. Se me erizaron los pelitos del brazo.
En un segundo imágenes de nuestros órganos metidos en bolsitas de plástico en un freezer de algún pueblito bonaerense con Shakira de fondo inundaron mis pensamientos (tengo esa costumbre belenistica tan sana de pensar siempre primero que me va a ocurrir lo peor). Igualmente me alivió el hecho de no haberme subido sola al taxi (no porque Fernando sea de lo más macho; sino porque simplemente una muerte tan terrible a solas no me hacía demasiado gracia), y lo agarré de la mano. El apretón que me pegó Fernando fue de total entendimiento. Nos preparamos a enfrentar, valerosos, lo que viniese. Nerviosa, miré la calle por la que transitábamos: Medrano. Que el camino que el taxista había elegido para llevarnos a casa no fuese el habitual aumentó mi nerviosismo. Sin embargo, haciendo gala de mi sangre fría, intenté mantener la conversación.
- esta canción, la de Cordera, me gusta mucho – dije, sintiendo que mis palabras sonaban bastante estúpidas.
El tipo asintió.
- hay que animar, ustedes saben. Igual, es difícil. A la noche por BsAs sube gente muy extraña. Voy a poner los seguros.
El sonido metálico de los cuatro pituquines bajando a la vez hizo que la atmósfera se volviera repentinamente más pesada. 
Haciendo un razonamiento ilógico, me tranquilicé pensando que había música. Inmediatamente asocié la imagen con la película “El resplandor”. Mientras haya música nada malo iba a suceder. El tipo continuó: 
- he visto cada cosa che. Yo soy viejo, soy del campo y encima policía, imagínese usté tantas cosas a la vez. Es difícil.
La palabra policía me erizó la piel. Cerré los ojos y los volví a abrir. Hay música,  belén , me dije. Decí algo ya: 
- claro, me imagino...
- si, si. Ni te cuento. Igual nada, trabajo ahora en el taxi porque me abrieron una causa. Era del servicio de inteligencia, custodié a vice presidentes, pero nada. Hace poquito tiempo un chorro entró a casa a los balazos, y me mataron a mi mujer y a mi hijo. Y yo lo maté, al tipo. Y me abrieron la causa. Viste como es esto.
El silencio que siguió rayó lo insoportable, como un ruido persistente y agudo que se eterniza en nuestros oídos. Me miró a los ojos por el retrovisor, y mantuvo el silencio, como esperando.
Mi cabeza iba a mil por hora. Miré a Fernando, con cara de espanto, y supe que él no iba a decir nada. Busque alguna palabra, algo que quebrara ese silencio insoportable, pero no, la nada misma.
- se quedaron helados – dijo decepcionado – Nada, asique ahora el tacho, viste. Me distraigo. Dos veces puse el arma sobre la mesita de luz, pero no pude. Y si no pude debe ser porque tengo que seguir.
Me miró otra vez por el espejito retrovisor. Lo único que supe hacer fue mirarlo fuerte. No podría decirles como se hace eso, pero estoy segura de que lo intenté.
Repentinamente dobló por una calle, y cayó en la puerta de casa. Fernando pagó, y le deseo buena noche mientras casi que literalmente corría fuera del auto. Yo, todavía inhabilitada para hablar, lo miré unos segundos. Le toqué el hombro y haciendo un esfuerzo sobre humano, medio que balbucié: 
-          fuerza che.
Me miró una última vez por el espejo retrovisor mientras guardaba la plata y musitó: 
-          gracias m´hijita. Vos también. Se que la necesitas.