mi mamá solía decir que en casos de crisis extrema no había que tomar decisiones; y menos que menos las siguientes dos: aceptar casarse y cortarse el pelo.
y que ella lo aprendió a partir de su propia experiencia.
cuando algo terrible te pasa, o, en realidad, te traspasa, tu vida y tu raciocinio pasa a un segundo plano. es difícil de explicar, pero es algo así como que de pronto perdés la conciencia. actuás por instinto, por default, a modo de prueba. para mi es el instinto de supervivencia el que te anestesia de tal forma que no te permite pensar con claridad. no te permite pensar, en realidad. los días se te pasan como si fuesen una filita de fichas de dominó, cayendo una sobre otra, por la inercia de la gravedad, sin que vos hagas nada para que transcurran. como si fuese una gran borrachera en donde tenés, cada cuatro o cinco días, algún instante de lucidez que se pierde entre el cansancio y las mordidas repetitivas sobre tu cuerpo anestesiado. no entendés que pasa, porque si lo entendieses, no podrías sobrevivir. comés cada tanto porque tu cuerpo te lleva hasta la heladera, dormís porque tus ojos se cierran, pero tu voluntad ya no tiene que ver con vos mismo. el cuerpo es una máquina que pareciese haberse quedado sin alma, sin vida, sin vos.
cuando estás así, tan roto, no sos vos. sos otra persona, sos dos mitades que no tienen sentido separadas, que no actúan en concordancia. hacés las cosas porque las hacés, porque por supervivencia necesitas sentir que seguís existiendo, por inercia. pero tu voluntad, tu raciocinio, tus emociones, no están ahí.
suele pasar que cuando te sentís tan nada, tan perdido, tan quebrado, crees que cualquier cosa es mejor que la soledad. cualquier compañía, cualquier palabra, cualquier presencia física. te aferrás a lo mas cercano creyéndo que está ahí tu plasticola, tu cable a tierra, tu conexión con la vida. ese otro está ahí, respira, está entero. en la fantasía de un hombre roto (o mujer) asirse a eso los hace pensar que están juntando las piezas, que se están rearmando, que están volviendo a ser uno, y no dos mitades.
es loable ser la persona que acompaña esa reconstrucción; pero terrible a la vez. porque estar con alguien solo para sentir que hay algo que te aferra a la vida no son las razones correctas nunca. es probable que cuando el hombre roto (o mujer), se reconstruya con el tiempo (que es lo único que ayuda en realidad) y sea ahora un vidrio, quebrado, si, pero pegado con cinta schoch gruesa, no entienda que carajo hace con vos. no recuerde que fue lo que te vio. porque en realidad, verte no te vio nada. fuiste la tabla de rose en el titanic, fuiste la soga que pudo manotear antes de caer por el precipicio. fuiste compañía que caminó a su lado la dolorosa soledad que nadie puede aliviar. fuiste música de fondo, y nada más.
un día el roto, recompuesto apenas, te mira dormir a su lado en la cama y se molesta por como roncas. se da cuenta de que no le hacen gracia tus chistes y no entiende por qué insistís en peinarte como lo hacés. es un buen signo, ya que demuestra que la anestesia poco a poco se diluye y que de pronto vuelve a entender, a sentir, a querer, a desear, a elegir. y que vos, que fuiste opción de crisis, medida de emergencia, no sos lo que el roto quería, que nunca lo fuiste. que solo estabas ahí cuando todo se hundía, y te quedaste. y quedarse, pese a que lo parezca, no es un acto de amor. es solo aprovechar una oportunidad donde no la tenías.
la verdad es que no se cuales son las razones correctas para estar con alguien; pero si hay algo que aprendí cuando estuve rota es cuales son las equivocadas. lo bueno (y lo malo) de la vida a la vez es que todo pasa; y al final te das cuenta que las razones correctas siempre estuvieron ahí. lo terrible es darse cuenta de que en realidad no tenían nada que ver con vos.
y que ella lo aprendió a partir de su propia experiencia.
cuando algo terrible te pasa, o, en realidad, te traspasa, tu vida y tu raciocinio pasa a un segundo plano. es difícil de explicar, pero es algo así como que de pronto perdés la conciencia. actuás por instinto, por default, a modo de prueba. para mi es el instinto de supervivencia el que te anestesia de tal forma que no te permite pensar con claridad. no te permite pensar, en realidad. los días se te pasan como si fuesen una filita de fichas de dominó, cayendo una sobre otra, por la inercia de la gravedad, sin que vos hagas nada para que transcurran. como si fuese una gran borrachera en donde tenés, cada cuatro o cinco días, algún instante de lucidez que se pierde entre el cansancio y las mordidas repetitivas sobre tu cuerpo anestesiado. no entendés que pasa, porque si lo entendieses, no podrías sobrevivir. comés cada tanto porque tu cuerpo te lleva hasta la heladera, dormís porque tus ojos se cierran, pero tu voluntad ya no tiene que ver con vos mismo. el cuerpo es una máquina que pareciese haberse quedado sin alma, sin vida, sin vos.
cuando estás así, tan roto, no sos vos. sos otra persona, sos dos mitades que no tienen sentido separadas, que no actúan en concordancia. hacés las cosas porque las hacés, porque por supervivencia necesitas sentir que seguís existiendo, por inercia. pero tu voluntad, tu raciocinio, tus emociones, no están ahí.
suele pasar que cuando te sentís tan nada, tan perdido, tan quebrado, crees que cualquier cosa es mejor que la soledad. cualquier compañía, cualquier palabra, cualquier presencia física. te aferrás a lo mas cercano creyéndo que está ahí tu plasticola, tu cable a tierra, tu conexión con la vida. ese otro está ahí, respira, está entero. en la fantasía de un hombre roto (o mujer) asirse a eso los hace pensar que están juntando las piezas, que se están rearmando, que están volviendo a ser uno, y no dos mitades.
es loable ser la persona que acompaña esa reconstrucción; pero terrible a la vez. porque estar con alguien solo para sentir que hay algo que te aferra a la vida no son las razones correctas nunca. es probable que cuando el hombre roto (o mujer), se reconstruya con el tiempo (que es lo único que ayuda en realidad) y sea ahora un vidrio, quebrado, si, pero pegado con cinta schoch gruesa, no entienda que carajo hace con vos. no recuerde que fue lo que te vio. porque en realidad, verte no te vio nada. fuiste la tabla de rose en el titanic, fuiste la soga que pudo manotear antes de caer por el precipicio. fuiste compañía que caminó a su lado la dolorosa soledad que nadie puede aliviar. fuiste música de fondo, y nada más.
un día el roto, recompuesto apenas, te mira dormir a su lado en la cama y se molesta por como roncas. se da cuenta de que no le hacen gracia tus chistes y no entiende por qué insistís en peinarte como lo hacés. es un buen signo, ya que demuestra que la anestesia poco a poco se diluye y que de pronto vuelve a entender, a sentir, a querer, a desear, a elegir. y que vos, que fuiste opción de crisis, medida de emergencia, no sos lo que el roto quería, que nunca lo fuiste. que solo estabas ahí cuando todo se hundía, y te quedaste. y quedarse, pese a que lo parezca, no es un acto de amor. es solo aprovechar una oportunidad donde no la tenías.
la verdad es que no se cuales son las razones correctas para estar con alguien; pero si hay algo que aprendí cuando estuve rota es cuales son las equivocadas. lo bueno (y lo malo) de la vida a la vez es que todo pasa; y al final te das cuenta que las razones correctas siempre estuvieron ahí. lo terrible es darse cuenta de que en realidad no tenían nada que ver con vos.