la unica diferencia entre la realidad y la ficción es que la ficción debe ser verosímil .- mark twain


mis padres fueron radicales, yo soy peronista, lo de progre vino por default. no entiendo la gracia de guardar secretos, nunca pude hacerlo; siempre lloro en todas las sesiones con mi analista así no siento que desperdicio 300 pé.

dos referencias básicas a la
hora de leer el blog: isidora es mi gata e inés mi psicóloga. con ellas conformamos el triángulo isóceles que perpetúa mi desequilibrio interior. y mis amigos, claro, protagonistas estelares de los numerosos diálogos que rellenan este blog. y mi mamá y mi papá que son los culpables de todos mis problemas emocionales (gracias freud).
que les sea leve, pues.


la vida no es como uno quiere. es como es (mirta legrand)

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dijo de belén el caricaturista historiador bobrow: "el idiolecto de la autora de este blog asume todos los tópicos culturales más políticamente incorrectos de occidente sin por ello asumir su carga ideológica".

jueves, 26 de septiembre de 2013

corazón con agujeritos

estaba acomodando las cosas para irme cuando se acerca santiago, de primer año.
belén.- ¿si? ¿pasa algo?
santiago.- a mi me gusta adriana
belén.- ¿ah, si?
santiago.- si. ¿no te diste cuenta?
belén.- no, la verdad que no. no te sentás con ella ni charlas mucho.
santiago.- si, es que bueno, yo a ella no le gusto.
belén.- ¿y cómo sabes? ¿le dijiste que te gustaba?
santiago.- si, los otros les dijeron. pero nada, ella no me quiere.
belén.- ¿por?
santiago.- dijo que estoy gordo para ella.
belén.- ¿eso dijo??? que turra.
santiago.- ¿turra?
belén.- nada nada, es una expresión. no te preocupes, vos ignorala. no estás gordo.
santiago.- no me da bola, si estoy gordo.
belén.- esperá a que menstrue ella y vas a ver. se va a poner como una vaca granulienta. cuando eso pase, es tu momento.
santiago.- ¿cual?
belén.- vas y le decis: ya no me gustas ¿y sabés por qué? porque estas gorda.


consejos de una profe del SXXI.

lunes, 23 de septiembre de 2013

acompasadamente nos encuentro

ya no te pienso, ya casi no te recuerdo.
no hablo de vos, no te nombro.
no te saludo por las noches ni te cuento mi dia mientras viajo en bondi.
no me presento a la gente a partir de tu inexistencia.
no veo las peliculas que te gustaban, cambio rápido cuando de casualidad suenan las canciones que compartiamos.
no digo tu nombre en voz alta. no leo mas tus cartas.
no no no no.
enumero y son muchos no.
solo escucho los no.
no no no no.
ya no recuerdo tu voz, ni tu olor.
tampoco la letra de esa cancion que siempre cantabas.
no me acuerdo tus pocas caricias.
ni tus carcajadas seguidas de lagrimas al tentarte.
ya no queda nada.
ni tus hermanos, ni tus padres.
solo una casa enorme y vacia donde viviste que una prima que nunca supo de vos quiere vender.
tampoco estan tus fotos de infancia. nadie las encontro.
desapareciste de este mundo como si una ola enorme te hubiese tragado.
tu historia, tu vida, tu familia, no queda nada.
solo quedo yo para recordarte en silencio.
y ya no recuerdo nada.
se van tus gestos. tu voz. tus chistes. tus silencios. tu forma de mover las manos al bailar.
pero tengo esta sensacion enorme.
son cinco años de caminar lejos de vos. lejos de lo que conociste.
de tratar de dejar de esforzarme por traer algo que ya no existe. cosas que ya no recuerdo. sensaciones que ya no estan.
pero late, como un eco tardío, esta sensacion de calidez y calma que existio mientras exististe.
no te recuerdo a vos.
pero acá, adentro, late algo.
y si cierro los ojos,
persiste un latir acompasado, suave, cálido.
latis
      vos.
             y tanto amor.

martes, 17 de septiembre de 2013

dejame vivir

belén.- bueno, entonces, ¿cuales de estas tres características que plantea levi strauss podemos encontrar en el mito de teseo y el minotaurio?
santiago.- bueno, hay un conflicto entre intereses...
belén.- bien. ¿qué intereses te parece que encontramos en el minotaurio, que...?
gabriel.- minotauro.
belén.- ¿qué?
gabriel.- minotauro.
belén.- si, minotaurio, que tiene.
gabriel.- jajaa, re analfabeta profe. MINOTAURO.
belén.- ¿a quién le decís analfabeta paspado?
gabriel.- a vos. decí minotauro.
belén.- minotaurio.
romina.- jajajaja, decís MINOTAURIO
belén.- yo no digo minotaurio. digo minotaurio.
risas generalizadas.
santiago.- si, decis minotaurio.
belén.- nada que ver.
gabriel.- si. hay varias palabras que decís mal, profe. como maomeno decís, sin la ese.
belén.- no digo ási.
micaela.- jajaja, ási. a ver, decí mas o menos.
belén.- basta. tengo problemas. dejenme en paz.
pablo.- profe profe, como decí...
belén.- pablo, dejame vivir.

lunes, 16 de septiembre de 2013

mi salvador o del arte de morir viviendo

en el 2009 me enteré, de casualidad, de la existencia de salvador.
no se como, llegué a una nota de clarín escrita en el 2002. salvador había muerto en 1996 y una tal raquel lo recordaba en una nota preciosa.
allí, raquel retataba con increible seducción, la personalidad de salvador. salvador estaba, claramente, loco. era depresivo, obsesivo y psicótico, y, sin embargo, me resultó increiblemente fascinante. a mi, nacida bajo el signo de virgo, con ascendente en tauro (la tierra, ante todo, señala inflaqueable mi vida, cerciorándose de que mi único destino es tener mis pies anclados en suelos seguros, ya que volar me aterra) e hija de racionales padres progres profesionales derivados de las ciencias biológicas y ateos y defensores de la moral, la república y las buenas costumbres, nunca me gustaron los locos. la locura me da, quizá, miedo. escapo de personalidades borders, me pone la piel de gallina estar cercana a personajes de mentalidad dispersa, de distintos sentires que luchan inconcientemente con la estupidez ilustrada de una razón predeterminada por una normalidad ridicula. de chica, cuando yo gritaba de más o me salía de la vaina, mi mamá me agarraba fuerte el brazo, casi pellizcandome, y me retaba mirandome con esa mirada tan fría, tan dura, que tenia, y, despacio, como escupiendome las palabras, me decía con desprecio: qué te pasa, belén, ¿estás loquita?, tené cuidado, que antecedentes familiares tenés, ¿eh?, calmate.
cuando se lo conté al pasar a una asombrada inés (que jodida tu vieja, recuerdo que acotó, en una de las pocas declaraciones calificativas que le escuché), intenté defender a mi madre narrandole acerca de mi tía esquizofrénica y primos y tíos abuelos descarriados, además de dos abuelas no demasiado normales que parecian confirmar mis genes defectuosos; el toque depresivo tampoco faltaba en padre y tíos. la locura estaba cercana, la llevaba en la sangre, si no tenía suficiente cuidado y auto control podía asaltarme, me recordaba continua y repetitivamente mi madre. para ella la sanidad mental era, ante todo, lo primordial. así, presa de sus miedos y fantasmas internos, su cuerpo se enfermó, irremediablemente, pero su mente, hasta el final, batallo y se mantuvo incólumne en una racionalidad incorruptible. nada la desequilibró, todo lo controló, hasta el final. las emociones nunca se adueñaron de su mente.
será por eso que siempre escuché y me relacioné con los desequilibrados desconfiadamente. siempre le tuve temor a la gente poco predecible, los desestabilizados emocionales me asustan, herencia materna de temor ante la locura inminente en la cual cualquiera de nosotros puede desembocar ante la inevitabilidad de no saber, una sociedad enferma que nos moldea y el afán de control y delimitación de las emociones tan burgues en el cual nos criaron.
pero con salvador fue diferente. tal vez fue que en el momento en que me enteré de su existencia yo vivía presa de una enorme angustia tapada por la cotidianidad racional de las cosas que debía hacer, a pocos meses de la muerte de mi vieja y en plena crisis existencial del paradigma racional ascético, salvador, su personalidad, me atrapó. era judío seferadí y psicólogo: había aprobado la carrera en dos años aunque nunca la ejerció y había aprendido a manejar recién a los 40, a partir de lo cual protagonizó los mas ridiculos choques por su aficcion a la velocidad. a los 12 años había leido las obras completas de lenin y tras uno de sus primeros brotes psicóticos (que lo llevó a estar internado en un neuro psiquiátrico en europa tras exiliarse de argentina por la última dictadura) organizó una huelga convenciendo a sus colegas de internación que ellos eran la verdad neuróticamente reprimida por el capitalismo. hablaba seis o siete idiomas, y se había iniciado en la política militando en el partido obrero, dato simpático cuando se constata que una de sus mayores obsesiones era hacer plata, ya que la asociaba con la libertad infinita. bailaba samba como los dioses y hacía coincidir sus vacaciones con los carnavales barsileros donde se perdía entre las multitudes y la festividad ajena. estuvo incluso internado en el borda un tiempo, tras lo cual solía decir, risueño: y si, me broté...como los arboles. una vez creyó que los ovnis habian robado el obelisco y solo aceptó volver a internarse, escoltado por dos amigos, tras verificar que el monumento seguia en su sitio. uno de los protagonistas le contaba a raquel: imaginate la escena, dos borrachos y un loco subidos a un taxi a las 4.30 am chequeando que el obelisco estuviese de pie. sin embargo, mi parte preferida de la nota es cuando raquel cuenta que, en 1992, salvador se filmó a si mismo en un video casero, componiendo su recuerdo fisico. sentado sobre un sillon blanco se lo puede ver recreando un simulacro de asamblea sindical, cantando en frances y aleman, y riéndose a carcajadas (e inmediatamente, serio, preguntando: ¿llegaste risa, llegaste al celuloide?). en esa misma filmación salvador contaba que había terminado el primer capitulo de su primer libro, y que estaba feliz, ya que lograrlo era indicio de salud.
estuve días buscando información sobre él. me obsesioné con conseguir su primer novela, "el traductor". su única novela.
la conseguí por mercado libre, de casualidad, y solo por veinte pesos, la primer edición de autor pagada por sus íntimos en ediciones de la flor, de 1998, solo contaba de 4500 ejemplares. retiré el libro ese mismo día y empecé a leer esa novela de 637 hojas despareja, neurótica, obsesiva, incisiva, con frases asombrosamente lúcidas en medio del espiral de locura fuertemente racional del protagonista.
poco recuerdo ya de la novela. su personaje principal, ricardo zevi, un alter ego de salvador, laburaba en una editorial progresista (muchos vieron un retrato cuasi caricaturesco de pagina 12) que explotaba a sus empleados. la historia transcurre a medida que ricardo traduce a un alemán derechoso por orden del editor, pero también narra el amor de dos seres totalmente dísimiles: ricardo conoce a una evangelista y, casi sin darse cuenta, se enamora y la arrastra en su locura, haciéndola prostituirse, obsesionado por la incapacidad de la chica de no tener orgasmos; todo con la caída de la URSS de fondo: el maltrecho sueño de la izquierda se quebraba al compás de ricardo y sus convicciones.
leí la novela durante dos noches y tres días. me la comí, literalmente. y de pronto, no recuerdo exactamente por qué, no pude seguir. me quedé clavada en la página 619. ahora, con el libro en mis manos, después de 4 años, encuentro el señalador en el mismo lugar. la tuve durante meses, en mi mesa de luz, esperando terminarla, pero nunca pasó. luego de 7 meses la trasladé hacia la biblioteca y ahí quedó, hasta hoy, que fui a buscarla para ver si seguía allí o había desaparecido, como salvador.
durante estos 4 años no volví a pensar nunca en salvador, hasta que mi amigo tomás comentó en su blog que estaba leyendo un libro de auto ayuda escrito por un suicida. le comenté, divertida, que un libro de auto ayuda escrito por un suicida era lo mejor que me había pasado en la semana. solícito, me paso el link de una crítica sobre el libro, y descubrí, asombrada, que su autor era salvador. mi salvador.
inmediatamente volví a buscar entre mis mails la nota de raquel. al releerla, me di cuenta que mis sensaciones, hoy, tanto tiempo después, son similares a las que tenía en el momento en que la leí por primera vez. oscura, angustiada, depresiva, cruzada en contradicciones del deber ser y el deseo, encontré las mismas sensaciones, era el 2009, era el 2013, era 1996. la personalidad, la locura de salvador me atraía, se me hacía familiar de nuevo, se me hacía carne, se me hacía mia.
abrí el libro en la página abandonada y leí el primer párrafo desde mi interior yo vivía el acontecimiento con un temblor respetuoso en el alma y el corazón, pero sabía perfectamente que nada de eso trascendía hasta mi piel.
tal vez tenía miedo de leer el fin de ricardo. ya había desaparecido salvador, no podría soportar el fin de su ficción, pensé. o tal vez, simplemente, no pudiese soportar el fin del libro. el fin del vinculo fantasioso que había establecido con ese psicótico brillante.
tal vez salvador no fuese tan distinto a mi. tal vez mamá no tenía razón y la razón no fuese tan estimable. tal vez estos dolores sean causa de buscar razones donde no las hay, tal vez la locura este subestimada. tal vez dejarse ganar por las emociones, por el deseo, sea la unica forma en la que vale la pena salvarse.
raquel cita para concluir su nota a un salvador sonriente, en ese video del `92, donde aseguraba que para ser escritor era necesario desviarse.
como salvador, que escribió un libro de auto ayuda con técnicas no ingenuas para gente en crisis en tiempos de cambios y que saltó por la ventana de un décimo piso porque le dolió todo tanto que decidió morirse de tanto vivir.


hoy me entero de que salvador benesdra fue reeditado, recientemente. me alegra, un poco, confirmar que ricardo sigue viviendo todavía.

vive ricardo.
vive salvador en esa cinta de celuloide. 
vivo, entonces, yo también.


sábado, 14 de septiembre de 2013

solo eso, por hoy

últimamente siento que nadie me escucha.
es como... como una sensación extraña, nunca me había pasado.
hablo, digo cosas, palabras, pero me da la sensación de que el receptor no las registra.
tal vez no estoy siendo lo suficientemente clara.
siempre me resultó fascinante el acto comunicacional. alguien piensa algo, y lo dice. al decirlo, ya a partir de las delimitaciones prácticas que contiene el lenguaje en si mismo, estamos diciendo algo diferente a lo que pensamos. eso sale, queda en suspenso en el aire, y alguien lo decodifica. alguien si es una sola persona, digo. decodifica eso que dijiste y hay un tercer cambio, lo que el otro entendió de lo que vos dijiste intentando traslucir lo que pensaste. tres deformaciones producidas casi simultáneamente. mejor si tus receptores son dos, o tres. cada cual decodifica algo distinto a lo que vos pensaste e intentaste decir.
tal vez si te estoy diciendo esto, y vos no podés entenderme, no es culpa de nadie. tal vez en realidad yo no quiero realmente contarte lo que me pasa. tal vez no lo se. tal vez vos no querés escucharme. o no te interesa. o no podés.
soy una defensora de las palabras. hablo mucho, escribo mucho, garabateo todo el tiempo, en el colectivo, en sueños (tengo un cuadernito al lado de la cama), en clase, mientras veo peliculas. tener un papel y una lapicera cerca me tranquiliza. tal vez considero que tengo mucho que decir. muchas pelotudeces, justamente. mi mamá siempre decía que yo tenía una opinión formada sobre todo, no importara qué, siempre tenía algo que decir.
mi mamá era muy callada. nunca decía nada, mi vieja. no le interesaba demasiado dialogar. pasaba horas enteras sin emitir una palabra. tal vez por eso yo, que necesito desesperadamente miles y miles de palabras para relacionarme con los demas se que en realidad todo esto es ficción. ficción de entendimiento. hacemos como que.
la verdad es que nada de lo que yo diga, ni de lo que vos leas o me escuches, va a implicar ningun tipo de puente comunicacional entre nosotros dos. que las palabras en realidad son conceptos, sonidos, letras bonitas y poco más.
por eso cuando yo te estoy diciendo que estoy pasandola mal, peor, que la estoy pasando como el orto vos no me escuchas. no me querés escuchar. tal vez es más fácil para vos no entenderme.
pero cuando presa de un ataque de desesperación por no poder comunicarte que me estoy muriendo por dentro revoleo un vaso contra la pared y se rompe en mil pedazos, recién ahí, vos, me mirás. recién ahí, me ves. recién ahí, me sentís.
y yo rompo a llorar.
pero no te asustes.
es alivio.
estás acá. me mirás. me ves.
ya no preguntás idioteces. ya no tapas mis palabras de dolor con dobles sentidos sarcásticos.
ya no intento explicarte lo inexplicable.
ya no necesito que me escuches, ni que me leas.
solo que me confirmes que estoy acá, de verdad.
ahora solo necesito que me sigas mirando, por favor.

lunes, 9 de septiembre de 2013

plaza miserere o el refugio de los rotos

plaza miserere es uno de los lugares mas feos que conozco. sobre todo a las seis de la tarde cuando la gente que va y viene es cada vez más y se golpea entre si, apurada y autómata. los olores, mezclados entre si, son todos penetrantes. el olor a chorizo y basura de hace días se confunde con el de meo y me hacen sentir nauseas. las palomas te siguen, incansables y mugrientas. no solo estamos ahí la gente rota, las que vamos y venimos de trabajar y escondemos celosamente nuestras miserias del ojo ajeno, sino también los otros, que de tan rotos se rompieron para afuera y uno puede ver los pedazos de todo saliendoseles de adentro; ellos ya no se molestan por fingir, deambulean entre nosotros perdidos. las formas típicas de distracción que utilizamos cotidianamente para no verlos, mirar para otro lado o cruzar la calle, en la plaza no funcionan. son muchos y estan por todos lados. te piden monedas te piden comida te agarran del brazo buscan que los mires, los rotos deambulean de forma semejante a las palomas y vos ahí, parado entre multitudes ajenas esperando esperar. los vendedores ambulantes, atareados, empujan a los rotos peleando por el mismo publico, y se te acercan acaso mas desesperados buscando con ansiedad que les compres medias, pañuelos, chicles o porta tarjetas.
el olor se hace insoportable, la mugre se acumula por la desidia y de fondo una alarma suena intermitentemente. la fealdad es tanta y está por tantas partes que se me estruja el pecho, me pega en la jeta como cachetazo. desde chiquita odié la fealdad, cerraba los ojos cuando veía algo que no me gustaba hasta que los ojos me dolían de tanto apretar, deseando que todo lo feo del planeta tierra desaparezca ante mi obstinación por no ver.
abrí los ojos confirmando que el truco ya no funcionaba. miré hacia arriba, único lugar que me permitía mirar sin mirar aquello, y el sol se estaba poniendo. el atardecer le daba al cielo un anaranjado especial que contrastaba con las nubes grisaceas. todo estaba enmarcado en las ramas desnudas de un par de árboles.
cuando volví a bajar la vista, ya estaba bien.

viernes, 6 de septiembre de 2013

no se si cortarme las venas o dejarmelas largas o ando buscando un corazón

esta entrada se lee con este tema, mi recurrente, de fondo.
 
se amontonan los libros,
las hojas de pruebas horribles de alumnos que no estudiaron,
la cama deshecha,
los platos sucios que ya no dejan espacio en la pileta.
la heladera vacía, una manzana y un tarro de mermelada light.
ropa sobre las sillas,
zapatos sin pares,
listas de cosas que no hago, que se acumulan.
tildada me siento y giro sobre mi misma en la silla.
giro una vez más, y otra.
pienso que tengo que bañarme y me pesa.
pienso que tengo que hablar con inés de esto.
que es esto, que es.
no hago nada que no sea imperante hacer.
solo voy a trabajar. llego a casa y me sumergo en mi pijama.
y giro sobre la silla.
giro y giro.
pienso que no puedo empezar de nuevo a hacer las cosas bien.
¿quién empieza algo un jueves?, no tiene sentido.
pienso que a lo mejor si se termina el año.
si me mudo a un lugar donde no conozca a nadie.
a lo mejor si me pudiese quedar acá girando, tal vez.
tengo que contarle esto a inés, pienso.
pensamientos recurrentes, ¿me estaré poniendo mala?
uno nunca sabe cuando empieza a volverse loco.
los pensamientos recurrentes y repetitivos pueden ser una señal.
el desgano también.
tal vez esté depresiva.
antes no me preocupaba que las cosas tuvieran sentido.
porque vos sabés, bien, belén, que en la vida nada tiene sentido.
que el racionalismo es una forma de histeria pedorra buscando ordenar un sinnumero de idioteces para intentar explicarnos nuestra existencia. como si tuviesemos que explicar realmente algo.
que mania de mierda esta, del ser humano moderno, la de explicar, buscar explicar todo. dame un dios al que rezarle, dame una nube a la que bailarle, tal vez así todo vuelva a su lugar.
tengo que hablar con inés de esto. de que estoy mal, de que tengo pensamientos recurrentes, pienso.
el problema es que voy con inés los lunes, vuelvo a pensar. y los lunes son como en el corto plazo los primeros de año.
todos los lunes pienso que puedo empezar de nuevo, que puedo hacer las cosas bien. me miento que tiene sentido, que hago lo que quiero, lo que me gusta. justo los lunes veo a ines.
el problema son los martes, ahí me empiezo a complicar. me saca de quicio un adolescente pesado, leo estupideces redactadas por alguien que no estudió, tomo mate y quemo el agua, el clima pegajoso me pone de mal humor y solo es martes, quemo la comida, discuto con algun pelotudo, pierdo el colectivo llego a casa me saco los zapatos y digo que carajo que mierda que onda que se supone que es todo esto para qué.
los miercoles me levanto a las 5 am y no vuelvo a casa hasta doce horas mas tarde. tomo subtes, colectivos, miro a la gente, sus caras, la rutina, la mugre de esta ciudad. cuando por fin vuelvo cierro la puerta de casa y quiero quedarme acá encerrada, pongo llave y me saco las zapatillas acá estoy segura todo lo horrible queda afuera estoy bien acá en mis 30m2 de soledad. pienso que me estoy volviendo fóbica, que tengo que hablar con alguien, con inés, pero hasta el lunes falta mucho. ¿esto será locura? ¿me estoy volviendo loca? pensamiento recurrente. me siento en la silla y giro.
el jueves me arrastro fuera de mi cama, puteo. abro la puerta para ir a trabajar con dificultad. la horribisibilidad porteña me golpea en la jeta, me escucho dando clases sobre estupideces, idioteces que a nadie le importan, que nadie va a estudiar ni se va a acordar que a mi no me importan. algún directivo me dice que venga con tacos mas altos, que sino parezco una estudiante más. solo lo miro, cansada. pienso que taradez, esto. no tengo que parecer lo que parezco, como si 4 cm de tacos me hicieran otra persona, mas vieja, mas fea, mas mierda. vuelvo a casa y pongo la musica fuerte, me tiro en la cama vestida la cancion se repite una y otra vez, una y otra y otra más. dormito y suena la alarma reclamando que corra atrás de pelotudeces, abro un ojo perdida, sin saber donde estoy, ni que día ni que hora es y es agradable. la sensación de alivio se pasa cuando me doy cuenta de que es jueves, de que son las 18 hs de que tengo que tomar otro colectivo para ir a cursar otra vez y a escuchar a alguien diciendo cosas que a nadie le importan, que a mi no me importan. vuelvo tarde, pensando que me voy a dormir y que mañana todo va a ser mejor, que mágicamente todo vuelve a tener un sentido, una finalidad, y me duermo. dormir es lo que mejor me sale ultimamente.
el viernes me despierto a las 9. abro los ojos antes que me demande la alarma y escucho el tic tac del reloj de la habitación. los cierro de nuevo y fantaseo con faltar a la escuela, no ir, decir que estoy enferma, que estoy mal, que estoy muerta. no decir nada. que importa, a quién le importa. pero me levanto igual, me arrastro hasta el baño, me desnudo, me siento en la bañadera y me hago un ovillo, dejo que el agua de la lluvia caiga en mi nuca, en mi espalda. dormito bajo la calidez del agua, el vapor, el sonido de las gotas golpeteando contra la bañera, me quiero quedar acá, aca estoy bien, pienso, esto es agradable, esto está bien. suena el telefono y me despierta de mi adormecimiento, termino de lavarme, salgo, me cambio y salgo otra vez, una más. me choca alguien mientras cierro la puerta de entrada y me putea, la gente no mira, la gente no ve. la gente no me ve. subo al colectivo, entro al aula, me rio con mis alumnos, grito, intento enseñar cosas que no me interesan. uno me pregunta para qué le sirve saber de grecia, de roma, todo esto, lo miro y le digo que es mal momento para preguntas existenciales. me mira sin entender. me siento en el escritorio y los veo hacer, toca el timbre vuelvo a tomar el 132 pensando solamente en volver a casa en que tengo que estar en casa y me encierro otra vez y me convenzco de que esto es fobia, de que tengo que hablar con alguien, tal vez con ines, de que no soy normal, de que esto no es normal. me siento en el piso con la espalda contra la puerta para mas seguridad, una traba más para que todo lo de afuera no pueda entrar me hago un ovillo y me quedo ahí en el silencio una hora, hora y media con la mente en blanco, mas bien en negro, no puedo pensar en nada salvo en que esto no está bien, que me estoy volviendo loca, que yo no soy asi, no quiero ser asi, que no puedo vivir asi. cuando logro pararme el quilombo de la cocina me desalienta, tomo mates aunque esten frios y revulsivos y entro una y otra vez al mail no se para que. ya nadie escribe mails, no estoy esperando ningun mail, pero entro igual, tal vez esperando que alguien se haya decidido a escribirme la respuesta. la respuesta a el qué, al por qué, al para qué. tengo que salir a trabajar otra vez, es tarde, estoy cansada pero salgo igual, vuelvo a las doce de la noche, me tiro en la cama como estoy y pienso que tengo dos días de libertad, dos días totalmente míos para quedarme libremente encerrada sin hablar con nadie en mi departamento de 30m2 y que el lunes ya está, el lunes ya fue, el lunes empezaré otra vez, pero esta vez de verdad, y todo va a ser lindo y solícito, todo va a tener sentido, proque es lunes y los lunes la vida empieza de nuevo, es borron y cuenta nueva, es como año nuevo, como cuando te mudás, como cuando te separás, todo otra vez. una más. otra oportunidad para empezar de cero, dejar de ser quien sos, de pronto, e intentar.
tal vez esta vez reconozca al deseo.
porque el deseo pesa.
y pesa más cuando uno no sabe donde está.
deseo desear,
de pronto.

                  y despertarme.

jueves, 5 de septiembre de 2013

NS/NC

de pronto.
abro los ojos y no entiendo para que exactamente.
me siento sobre la cama y trato
diez segundos,
entender cual es la finalidad del día que me espera,
nada, no se me ocurre nada.

me levanto porque es lo que tengo que hacer.
me levanto porque ya no tengo sueño.
me levanto porque me levanto.
con los ojos cerrados y los pies desnudos me pongo la remera.
me subo el pantalón.
me lavo los dientes.
los abro y estoy ahí, en el espejo del baño.
parpadeo para ver si el reflejo deja de mirarme fijamente.
desaparezco y aparezco. me gusta la parte en que desaparezco, momentaneamente. inconcientemente, tal vez, la hago durar más.
me ato el pelo
me acomodo el flequillo
me pongo las medias, las zapatillas.
agarro el bolso.
tomo aire.


y afuera.

lunes, 2 de septiembre de 2013

¿dale? o las franjas etarias y yo


- profe, cuando dentro de unos años yo tenga su edad y la alcance, ¿va a salir conmigo?
belén.- cuando vos me alcances yo ya no voy a tener esta edad. voy a tener 13 años más.
- ahhh... bueno, pero igual si te quedás asi como estás ahora todo bien, ¿dale?




tal vez estoy apuntando a la franja etaria equivocada y lo mio son los pre púberes.

aprendan, veinteañeros de cuarta.

domingo, 1 de septiembre de 2013

el italiano y yo/9 o el problema nunca son los otros

primera parte
segunda
tercera
cuarta
quinta
sexta
séptima
octava

l.- dale bel, salgamos.
belén.- no tengo ganas.
l.- daleee, vamos a marga, te conseguimos otro extranjero y listo. dejá de ser tan drama queen.
belén.- bueno, pero no traigas al pelotudo ese del rosarino.
l.- ¿por qué?
belén.- porque es muy goma boluda, se la pasa hablando, hace chistes malos...
l.- pero no sabes la pija que tiene.
belén.- cierto.
l.- nos encontramos allá a las doce. chau.
belén.- te aviso.
l.- no, es una cita, no me jodas.

12.30 entré a marga. la música estaba fuerte, el lugar estaba lleno. yo estaba como sedada. todo fuera, nada dentro. las percepciones eran diferentes. caminaba intentando llegar al final cuando alguien se me colgó del brazo.

l.- boluda, pensé que no venías.
belén.- aca estoy.
l.- te veo. en ojotas.
belén.- si, no tenía ganas de cambiarme.
l.- tengo una sorpresa.
belén.- que.
l.- ¿a qué no sabés quién está?
belén.- ¿quién?
l.- el mati.
belén.- ¿qué mati?
l.- el italiano pelotuda, que mati va a ser.
belén.- ¿acá?
l.- si, esta con el amigo y otra minita. andá a saludarlo.
belén.- no, no. si no me quiere ver. sino me hubiese dicho de vernos.
l.- te vio a la mañana y a la tarde, querría pasar la noche con el amigo, nena.
belén.- y con la mina.
l.- ay, belén, no seas idiota querés. el flaco vive en italia, se va. dejá de enroscarte al pedo.
belén.- bueno. vamos a bailar.

nos pusimos en el medio de la pista. al principio me costó. pronto estaba en trance y no podía parar. otra vez, juntas, hacíamos pasitos y todos los de alrededor comenzaron a coparse. me saqué las ojotas y seguí saltando, moviendo las manos, las caderas, cerré los ojos y bailé con todos y con nadie. a medida que avanzaba la noche más cansada y transpirada estaba, no podía parar. l.- me hacía señas de que nos vayamos a sentar, pero la dejé ir sola y seguí. de pronto no pude más y me apoyé contra una pared, sin aire. me sequé la transpiración con la mano y me até el pelo.  noté que me estaba mirando hace rato, pero no quería verlo.
estaba enojada, no entendía bien por qué. me senté en el piso, intentando recuperar el aliento. se acercó y se acuclilló contra mi. dijo algo que no entendí. se acercó y cuando quise darle un beso me corrió la cara.
mi odio aumentó; me levanté y lo dejé ahí en cuclillas. salí a la calle y me senté en el cordón de la vereda. el frescor me refrescó las ideas, no era culpa de él, ni mía. no era culpa de nadie. al rato se sentó al lado mio y me abrazó. seguí sin mirarlo. se quedó un rato en silencio, a mi lado. luego me pegó el hombro, señaló el pub y masculló: my friends.
levanté mis hombros y lo invité a irse. no lo miré ni una vez, miraba mis pies descalzos y me insultaba internamente. estaba haciendo una escena, era una rídicula, una idiota, una tarada.
me dio un beso en la mejilla y entró.
estuve ahí media hora más, hasta que salió l.-
me preguntó que pasaba pero no le conté nada.
le dije que no me sentía bien, que me iba a casa. la saludé, me puse las ojotas y comencé a caminar las 40 cuadras que me separaban de casa.
cuando estaba a diez me puse a llorar.
no se si de la verguenza que me daba yo, del desplante de él, o de lo sola que estaba, lo sola que quería estar si me aferraba a estos personajes que aparecian intermitentemente y se iban.
de pronto me di cuenta. lloraba por mi, me daba lastima.

continuará...