la unica diferencia entre la realidad y la ficción es que la ficción debe ser verosímil .- mark twain


mis padres fueron radicales, yo soy peronista, lo de progre vino por default. no entiendo la gracia de guardar secretos, nunca pude hacerlo; siempre lloro en todas las sesiones con mi analista así no siento que desperdicio 300 pé.

dos referencias básicas a la
hora de leer el blog: isidora es mi gata e inés mi psicóloga. con ellas conformamos el triángulo isóceles que perpetúa mi desequilibrio interior. y mis amigos, claro, protagonistas estelares de los numerosos diálogos que rellenan este blog. y mi mamá y mi papá que son los culpables de todos mis problemas emocionales (gracias freud).
que les sea leve, pues.


la vida no es como uno quiere. es como es (mirta legrand)

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dijo de belén el caricaturista historiador bobrow: "el idiolecto de la autora de este blog asume todos los tópicos culturales más políticamente incorrectos de occidente sin por ello asumir su carga ideológica".

martes, 18 de febrero de 2014

elogio a la locura/1

pensé que estaba recuperada.

que, después de dos años de no tener ningún ataque, mi inconciente había madurado, yo había sanado, la locura había pasado.

siempre me molesto la gente que se define como "un poco loca". esa gente que le da a la locura una connotación positiva. como si fuese algo "simpático", "copado", "flashero". pasate una semanita en el borda y el romero, pelotudo/a, y después me contás.


la locura, no lo digo yo, lo decía foucault, fue otra de las formas de la imposición de la racionalidad moderna. junto con las cárceles, aparecieron los loqueros, maravillas de la modernidad. si no te adaptabas a ciertos standares o formas de rigurosidad mental, te encerraban. porque la modernidad no es mas que eso, creo. hacernos ciudadanos cada vez menos libres, mas miedosos, menos expansivos. vivimos con miedo, encerramos lo diferente, nos abroquelamos en nuestras casas, construimos nuestro mundo alrededor de paredes.

la locura, a mi al menos, siempre me consignó un terrible pavor, por un lado, y una enorme tristeza, por otro.

mi mamá era el ser mas racional del universo. siempre le tuvo terror a la locura. hasta el final controló sus facultades mentales. solo recuerdo dos momentos, dos raptos de desvíos pulsionales, los cual, por suerte, sufrí. solo dos veces vi a mi mamá desbordada. mi mamá, que era médica oncóloga, que cuidó toda la enfermedad y muerte de su padre, y la de su hermana, que sufrió, sola, un cáncer de mama, una tuberculosis y un cáncer de colon que finalmente la terminó doblegando. jamás vi a mi mamá perder la razón. jamás. ella siempre sabía como hacer, que decir, donde ir, como resolver. el dominio de las pulsiones, de las emociones, la racionalidad extrema era su arte.

solo dos veces, decía, la vi flaquear. ya estaba enferma de su último cáncer y vivíamos juntas acá en buenos aires. sin embargo, no me dejaba hacer nada. no podía acompañarla a las quimios, ni a sus internaciones, ni a sus médicos. todo lo hacía sola. y, la verdad, para mi, era más fácil. ella hacía una pantalla que me alejaba de su enfermedad, y yo no la vivenciaba, no tenía contacto con eso. tal vez por eso me sorprendió tanto su muerte, me tomó totalmente desprevenida. mi mamá pesaba 38 kilos, pero yo pensaba que se iba a salvar, porque siempre se salvaba. sabía que ya no estaba en tratamiento, que ya no se hacía quimio, pero jamás se me pasó por la cabeza que se iba a morir. mi mamá siempre solucionaba todo. sola. yo estaba ciega y sorda a todo su mal. para mi era mi mamá de siempre, mi mamá.

los dos puntos neurálgicos fueron en su última enfermedad. el primero fue a los meses del diagnóstico. el segundo fue a los meses de su muerte. recuerdo que tuvimos una discusión mínima, por una pavada doméstica. en el primero rompió una fuente contra el piso, y me miró con odio. me quedé petrificada, donde estaba. mi mamá jamás me había mirado así. me quedé en silencio y la escuché gritar. intenté calmarla, y dije dos o tres boludeces que la enfurecieron mas. recuerdo que me pegó. yo era grande, tendría 19 años, pero la escena era tan surrealista que no hice nada, la deje. de pronto me corrí de la linea de fuego que eran sus golpes, agarre las llaves y me fui. ese día deambulé toda la tarde por caballito, con miedo a volver a casa. a encontrarme esa madre que desconocía. a la noche me mandó un mensaje donde decía que me esperaba para cenar. volví, con miedo, y era la misma de siempre. me sonrió, me contó que era lo que había escuchado en las noticias, y no dijo ni una palabra sobre el entre dicho. y yo, increiblemente (acostumbro a dialogar sobre cualquier pelea que protagonizo), tampoco volví a tocar el tema. me di cuenta (inconcientemente, eh, no fue una decisión tomada racionalmente) que ella lo prefería así. algo similar sucedió unos meses antes de que muriese. por una discusión idiota, también. me dijo cosas horribles, que ya no recuerdo, y me  pegó dos cachetazos que todavía me laten en las mejillas. también me escapé del departamento, y también, después de 6 horas, me mandó un mensaje invitandome a volver. me recibió como siempre y tampoco se hizo referencia al tema.

hoy, visto en retrospectiva, esos dos momentos, de alguna forma, me tranquilizan. yo no hice mucho por mi mamá. es cierto que ella no me dejó, pero también es cierto que para mi era más fácil abstraerme de su enfermedad que involucrarme. pero al menos, pienso, pensé en aquel momento, le di esos dos momentos de alivio. pudo descargar el dolor, el enojo, la impotencia que le daba ser la que siempre se enfermaba, ser la que siempre estaba sola, ser la que siempre estaba vinculada con la muerte. pudo liberar sus emociones, gritar, pegar, odiar, desesperar. y lo hizo conmigo, solo conmigo.

me llevo todas cosas hermosas de mi vieja. era una persona increíble. pero esos dos momentos, feos para mi cuando acontecieron, son fundamentales para el imaginario de mi vida con ella, hoy. me demuestran una madre humana, al borde de un ataque de locura, permitiéndose hacer, solo conmigo, lo que no se atrevía a hacer con nadie: soltar todas esas emociones tan pulcramente escondidas, dejándose ganar momentáneamente por la irracionalidad extrema, permitiéndose escaparse un ratito de tanto dolor.


al menos de eso si me dejó participar.

domingo, 16 de febrero de 2014

pedro el que espera, 6 o de mi mecanismo de negación forzosa

si querés leer la historia de pedro, empezá acá
seguí acá
esta es la tercera parte
la cuarta
la quinta

y ahora si:

me mordí los labios, odiándonos (a él, por gil, a mi, por idiota) en silencio.

la noche perdió sentido, pero mis facultades mentales todavía conservaban algo de dignidad asique me prohibí mandarle un mensaje. siempre tuve (ahora, después de dos años de terapia, un poco menos) esa pelotudez cósmica de pensar que si yo no daba el brazo a torcer, si yo no acercaba nunca posiciones aunque fuese yo misma la que me había alejado, si yo me mantenía estoica en el silencio mas profundo, yo GANABA. no se exactamente qué, porque internamente la obsesión y ansiedad prevalecían, pero en mi imaginario (enfermo, según inés) mantener en apariencia mi orgullo incólume implicaba que yo, inexplicablemente, triunfaba. no importaba que la dignidad fuese solo una pantalla, ya que nadie, solo yo, sabía el oscuro secreto. sabía que sufriría noches de morderme labios y uñas para no mandarle mensaje.
mi mecanismo habitual (todavía persiste, aunque últimamente inés lo doblega más seguido) me obligaba a tragarme todos mis problemas de autoestima, ansiedad y obsesión en silencio. hacia afuera me mostraba firme y segura, y al tiempo (una, dos semanas, tres a lo sumo) el susodicho desaparecía, finalmente, de mi mente. se borraba de mi memoria, de mi imaginario, de mis complejos, de mis ganas. lo bloqueaba exitosamente y de pronto desaparecía para siempre, era como si nunca hubiese sucedido.

para lograr mi objetivo borraba el contacto del teléfono, lo ocultaba en el facebook.
el último paso, luego de un mes, era borrarlo del face. si no está en face, no existe.


pero pedro, por supuesto, no me dejó.


volvió a aparecer en el tiempo límite; tres semanas después, en la última etapa de mi proceso de negación.
cuando yo creía ya, por fin, tenerlo todo controlado.

pedro esperaba, si. y aparecía, siempre, en el momento más inoportuno.
  

miércoles, 12 de febrero de 2014

la variabilidad al palo

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hace unos meses pienso en mudarme.

es un tema complicado para mi, porque soy de esa gente que echa raices fuertes en los lugares donde habita.
tenia un ex novio que decía que todo en mi personalidad era parecido a los gatos (no en el mal sentido, bobos/as, no se rian). cuando se me acercan, me alejo y cuando se alejan, me acerco, tampoco me gusta que me toqueten demasiado, no soy clara en lo que quiero, cuando quiero ser cariñosa rasguño y muerdo, soy desconfiada y solitaria y no me gusta que me toquen la cola (en serio, no se rían les dije).

hoy pensaba que también, como a los gatos, cuesta mucho sacarme del lugar donde habito. mi casa es un templo sagrado en donde me siento protegida, tranquila, feliz. no se me ocurre mejor lugar en el mundo que mi casa. por lo tanto cualquier plan de mudanza genera en mi sensaciones encontradas.

mi casa es diminuta, no llega a 30m2. sin embargo es la mejor casa del planeta tierra y me duele el estomago (como buena gorda) de solo pensar en dejarla. sin embargo necesito aire, necesito, aunque sea mínimo, un patio, algún lugar que me permita salir al mundo sin salir de mi casa (tiemblen, eh, el día que encuentre algo así no me sacan del lugar ni con fórceps). me quiero mudar a un patio, esa es la verdad. poco me importa lo que haya alrededor.

entonces ahí ando, con sensaciones contradictorias disputándose mi estomago y cerebro (saben que el corazón es el órgano que peor me funciona). quiero mi patio, me lo imagino todo el tiempo, verde, con parrillita y lucecitas de colores como esas que se ponen en carnaval, pero luego miro apesumbrada las paredes que me envuelven fielmente hace dos años casi ya y se me parte el alma, me siento una estafadora y me invade la culpa.

pero bueno, nada, toda esta introducción aleatoria era para llegar al meollo de la cuestión, que es el siguiente: estuve mirando casas chiquitas o phs a los cuales pudiese acceder sin dejar mensualmente mi riñón en ello.

hice una listita con las variables a tener en cuenta que tiene que si o si tener mi nuevo hogar. la trascribo aquí, textual:
* hecho a nuevo (sin cañerías que estallen ni esas cosas) (sic)
* pero antiguo
* dos ambientes, o tres
* PATIO ESPACIOSO (sic)
* cerca de Av. Rivadavia pero no sobre Av. Rivadavia
* almagro/boedo/caballito/flores/parque centenario/ parque chacabuco
* PATIOOOOO si es con parrilla mejor
* baño con BAÑADERA (N.E: me gusta hacerme baños de inmersión)
* bajas expensas
* aberturas originales y patio central que conecte a todo el resto del edificio.
* ¿ya dije que patio?

a medida que miraba anuncios por internet, iba marcando los que me interesaban. me empecé a dar cuenta de que si el ph tenía aberturas originales (por ejemplo) y tenía patio y estaba en buen estado podía flexibilizar la cercanía con Rivadavia y no tener parrilla. o si la zona era linda pero el baño no tenía bañadera, podía conformarme con que estuviese hecho a nuevo y se organizara alrededor de un patio central.

en esas estaba, cuando noté que elegir ph era como elegir pareja en la vida real.
divertida, hice mi propia lista:

* que trabaje
* que sea inteligente
* que se bañe
* que toque algún instrumento
* que sea lindo
* que tenga abdominales
* pija linda
* sexo tres veces por semana mínimo
* que haga bien sexo oral
* que haga deporte
* que sea carismático
* que se vista no desastrosamente
* que no viva con los padres
* que sea pro activo
* que te sorprenda
* que se ria
* que tenga buen sentido del humor
* que no sea egoísta
* que no sea ameba
* que no sea celoso
* que sepa cocinar
* que mida mas de 1.69 cm
* que coma con la boca cerrada
* que tenga amigos copados
* que no sea fanático de nada
* que sepa manejar
* que no sea anti K
* que hable solo lo suficiente
* que tenga vida
* que no sea de la campora
* que sepa coser y cortar, y salir a jugar

si está bueno, podés flexibilizarte con respecto a los requisitos acerca del tamaño del pene y de la inteligencia; si es carismático y con abdominales podes hacer la vista gorda al respecto de si es medio ratón y vive con la madre; si trabaja, tiene una vida y es un genio del sexo oral, pero se viste desastrosamente y tiene amigos imbéciles se complica el panorama; si es de la cámpora pero tiene pija aceptable, te coje 3 veces por semana y vive solo no importa que no sepa manejar; si tiene pija linda podemos aceptar que no toque algún instrumento pero al menos tiene que tener auto y no hablar demasiado; si coje bien, tiene la pija grande y entiende tus chistes podemos obviar el hecho de que coma con la boca abierta pero no que sea anti K; si no labura pero toca la guitarra, es inteligente y te dice cosas lindas pero es egoísta y mide 1.62 cm te la baja; si tiene buen sentido del humor, pija mediana y no es ameba no importa que se bañe día por medio, y así.



las combinaciones son múltiples, las variables se entrecruzan, uno tiene que flexibilizar los parámetros y no siempre los puntos fuertes valen lo mismo, siempre hay que ver desde donde se parte y con que se compara. también hay que rankear tanto los puntos débiles como los fuertes. por ejemplo, en la categoría de pija linda, digamos, una normal, medianita, puede ser mas o menos linda, para eso tendríamos que hacer un rankeo del 1 al 5: si es grandecita pero fideo baja puntos, si es medianita pero estéticamente admirable y acaba sin gusto, sube en el ranking. en la categoría del sexo oral, si es muy malo, ponele, no es lo mismo que le falte práctica o que no encuentre el clítoris ni con un gps a que nunca lo haga porque no quiere o porque solo le importa acabar a el, si es esto último el rankeo se desploma y queda en rojo total, ¿se entiende?.

uno tiene que tener en cuenta todas las variables y tratar de de combinar a la vez las máximas posibles.


como en los phs, ¿viste?

martes, 11 de febrero de 2014

la pulseada o lo más lindo que me dijeron nunca

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antes era mas copada, yo.
mas de chica.

me da la sensación de que fui creciendo tipo hiedra, viste, y me fui enredando. en mi afán de expandirme (emocional y psicologicamente hablando, ya sabemos que físicamente la última vez que me expandí fue a mis 15) fui desarrollando cuestiones que, vistas en perspectiva, me hacen ser peor de lo que era.
tal vez sea que la sociedad también te deforma un poco. siempre amé la adolescencia, porque pese a que en general todos somos horribles durante ella, uno tenía esa sensación patente, creciente, de que lo mejor estaba por venir. de que el límite estaba demasiado difuminado y que podíamos ser quienes quisieramos con solo intentarlo.

cuando era mas chica era mas segura. en esencia era la misma, pero tenía la sensación de que era distinta y que eso, justamente, era lo que me valorizaba. leía mucho, discutía, profundizaba. creía que valía la pena gritar, emocionarse, romper cosas, intentar.

yo no se si el quiebre fue la muerte de mi vieja, o si fue algo mas vinculado al acceso repentino a la adultez. de un día para el otro me di cuenta de que romper cosas, gritar, profundizar y leer ya no eran mis prioridades.

en algún lado perdí la seguridad que me caracterizaba. se profundizó, en mi, una sensación de abandono que debía de estar hace mucho tiempo, pero que mi madre con su sombra tapaba.

de pronto deje de sentirme valiosa, especial, diferente. mi mundo interior, ese que creía estar a la altura de discutir cualquier cosa, se secó. mis raices dejaron de expandirse y se engrosaron en cosas aburridas, básicas, terrenales. mi casa, mi carrera, mi peso, mi gata.

mi mundo se achicó abruptamente, y con ello mi sensación de posibilidades. era una adulta, pero me sentía mas tonta e indefensa que nunca. ahora me mantenía, me ocupaba de trámites, resolvía cuestiones legales, pero emocionalmente, internamente, me emboté.

las cosas que decía u opinaba no eran mas que ecos disfónicos de cosas que había pensado y discutido antes.

yo era menos atractiva. ya no me gustaba tanto. no me creía tan original, tan buen partido, ya no pensaba que si quería algo lo suficiente podía alcanzarlo.

empecé a caminar con miedo, a bajar mi voz, a no opinar, a preocuparme por qué era lo que veían de mi los demás. de pronto me di cuenta de que no era la gran cosa, y de que cualquier persona que quisiera mantener conmigo algún tipo de relación íntima se daría cuenta. al principio vendía magia, como un eco de esa belén adolescente que creía que sus oportunidades eran todas. eso persistía, pero borrosamente.

al tiempo aparecían las obsesiones, los miedos, la neurosis, la sensación de abandono. yo ya no me gustaba, y me parecía imposible poder gustarle al resto.

me sentía una estafadora, y prefería no querer primero a que no me quieran.
mi autoestima, mi amor propio, dependía de que el otro, quien quiera sea, me mirase. así, me dedicaba a boicotear cada intento de relacionarse conmigo por parte de cualquiera de los masculinos que lo intentaran. no se si para que se alejaran, para constatar una sensación de abandono persistente, o simplemente para probarme a mi que no podía quererme nadie. que yo ya no era esa que fui, brillante, divertida, sexy. que yo solo era una burla triste de una persona que tenía potencialidad pero que no fue.

asi ando, actualmente. sobre analizando lo analizado, intentando prevenir antes que sentir, jugando a relaciones de poder en mis relaciones, presa de una ansiedad ridícula cuando no puedo conseguir algo que no quiero. reclamo hacia afuera quereres y afectos, caricias y cotidaneidades que no me interesan, queriendo manipular sentimientos propios que ni siquiera puedo entender. quiero controlarme, pero se dificulta si no puedo escucharme.

eso que siento que vos me hacés, ese favor de estar conmigo, esa displicencia ante mis palabras repetidas que simulo sentir una y otra vez, ese silencio ante preguntas obsesivas, esa sonrisa burlona ante mis exposiciones atravesadas y poco claras de lo que siento, esa indiferencia hacia lo que sabes que me importa, todo eso, no es mas reflejo de toda la mierda que alimento yo.

cada vez que te sentís mas grande, mas seguro, mas canchero, cerca mio, soy yo la que te da ese reducto de poder de mierda, quién te deja usarlo contra mi. porque últimamente yo me siento bastante poco.

habla de mi, pero también de vos. habla de mi que me aferre a una seguridad ficticia de un cariño que no existe, pero habla de vos que te hagas fuerte alimentandote de las debilidades ajenas.

no soy mejor persona cuando estás cerca mio. solo siento que empeora un cuadro crónico de inseguridades que en vez de sanar, alentás, porque eso te hace sentir mas fuerte, mas seguro, mas hombre.

alguien me dijo que esto era como una pulseada y que yo quebré la mano al mostrarme débil. que eso me hacía estar mas cerca de caer sobre la mesa, finalmente derrotada. asentí y sonreí tristemente ante la metáfora.

él me dio una palmadita en la pierna y, guiñandome un ojo, agregó:
- pero vos tenés algo que no todos tienen. y es esa capacidad tan tuya de abrir la mano antes del final, correrte del medio, retirarte a tiempo, y dejar que el otro, convencido de que tiene las de ganar, con el envión triunfal termine golpeando su mano solitaria contra la mesa. y es esa inteligencia, belén, ese salto al vacío que hacés evitando siempre a ultimo momento el proceso auto destructivo que vos misma generaste, lo que te salva, lo que te hace seguir siendo. es por eso que la gente quiere conservarte cerca. porque seguís cuerda y entera al final, siempre. y eso nos da la tranquilidad de que pase lo que pase, vos vas a estar para ayudarnos a levantarnos tras nuestra incapacidad de frenar nuestros propios procesos destructivos. tu cordura final es la nuestra. y eso, belén, te hace única ante los ojos de cualquiera que sepa donde hay que mirar.

viernes, 7 de febrero de 2014

pedro el que espera, 5 o de cuando nada esta dicho

pedro empieza acá
sigue acá
esta es la tercera parte
y esta la cuarta


era raro lo de pedro. buscaba todo el tiempo que nos viésemos, pero siempre con otra gente. me desconcertaba. me escribía mails diariamente desde el trabajo, me contaba de su día, sus proyectos, de lo genial que le parecía yo y las ganas que tenía de verme y de abrazarme. si, abrazarme decía.
la situación de histeriqueo se estiró tres o cuatro meses, hasta que, de un día para el otro, me agotó.

dejé de contestarle los mails. suelo ser bastante definitiva en mis decisiones. me cuesta tomarlas, pero a medida que la vida me transcurre, mi cerebro va deglutiendo las variables y opciones a considerar de forma casi inconsciente. y un día, cualquiera, sin que ocurra nada especial, me despierto y la decisión está tomada. el hilo se cortó, la persiana bajó. cuando eso sucede, es bastante difícil moverme de mi posición. nada queda, salvo la nada.

sin embargo, los acontecimientos dieron vuelta esa situación.

era el cumpleaños de una amiga en común, y me puse linda. en otra circunstancia hubiese ido de jeans y zapatillas, pero sabía que él iría y, aunque tuviese una decisión totalmente tomada e inamovible, quería que notara que era lo que se había perdido, por pelotudo.

me até el pelo en una colita alta y me planché el flequillo. me pinte los ojos (cosa que no hago a menudo, la verdad) de azul. un short de jean, una remera negra con pequeños brillos y de escote marylin y unas sandalias bastante altas contemplaron el atuendo. me miré al espejo y me gusté. me tiré un besito, me puse la campera de jean y decidí que ese día, sería la mas linda del lugar. pedro se retorcería sobre si mismo.

llegué bastante tarde. saludé a mi amiga que estaba bastante ocupada con su chongo de ocasión, y lo vi en una esquina del pub. jean, zapatillas topper, camisa a cuadros y el pelo despeinado le daban un look entre desaliñado y rebelde que me gustó. me miró directamente y yo le mantuve la mirada unos 4 segundos y se la aparté. pedro para mi no existía esa noche, estaba más que decidido.
pronto estaba bailando con un morocho que se movía bastante bien y sonreía todo el tiempo. pero no podía concentrarme, estaba demasiado pendiente de él. ¿dónde estaba pedro? ¿con quién? ¿qué hacía?.

cada vez que me volteaba disimuladamente a mirar su rincón contra la barra lo veía mirándome, fijamente.
cambié mi partener de baile pero no mi molestia creciente. lo miré otra vez, y otra, y otra, seguía mirándome. me enfurecí, ¿qué hacía?.

dos horas pasaron en donde me dediqué a ignorarlo todo lo que pude pero su presencia directa y observadora me generaba cada vez mas odio. ¿se iba a quedar toda la noche mirándome? ¿por qué no se acercaba entonces?.

bueno, claro, no se acercaba porque le corté el rostro explícitamente, pero dale. dejá de mirarme. y sino vení y no se, dame un beso. ¿pero eso? ¿qué era eso que hacía?.

agitada, me paré en seco. dejé a mi compañero de baile en medio de la pista, me sequé el sudor y me acerqué decidida. el no movió ni un músculo, ni de su cara ni de su cuerpo, y observó plácidamente mi acercamiento.

estuvimos un minuto en silencio, y, dado que no parecía dispuesto a decir una palabra, ataqué.
belén.- ¿qué hacés?
pedro.- ...
belén.- ¿qué querés?
pedro.- ¿yo? nada.
belén.- entonces dejame en paz.
pedro.- ¿qué tan enojada estás conmigo y por qué exactamente?
se tomó de sopetón la cerveza que tenía en la mano y enfiló la botellita vacía con otras 6 que había liquidado en la barra.
belén.- no estoy enojada.
pedro.- ahh.
belén.- ...
pedro.- ...
belén.- solo quiero que dejes de molestarme (o que me des un beso de una vez, pensé enfurecida)
pedro.- ¿te molesta mi presencia?
belén.- no, no es eso (si, me molesta, me molesta que no me quieras, pelotudo)
pedro entrecerró los ojos y me miró divertido mientras el barman le abría otra botellita.
belén.- me molesta que... (¿qué es lo que me molesta?)
pedro.- ...
belén.- que me... (qué es qué es)
pedro.- ...
belén.- que me mires (ahhh, barrileta cósmica)
pedro sonrió abiertamente y ladeó su cabeza hacia un costado. me contestó tranquilamente.
pedro.- me gusta mirarte.
belén.- bueno, pero no, no, no podés (¿no podés????)
pedro.- me parece que puedo.
belén.- no me causa gracia todo esto.
pedro.- a mi tampoco, es muy serio. defiendo la libertad de visión tanto como la de prensa.
belén.- sos un gil.
pedro.- si, eso si.
belén.- bueno, chau.
pedro.- chau.

me alejé diez pasos decidida a no volver a mirarlo en toda la noche.
durante 20 minutos mi cabeza se concentró en no voltear a su rincón.
pero de pronto me desconcentré y volví a mirar a la barra, buscándolo.










ya no estaba.

miércoles, 5 de febrero de 2014

pedro el que espera, 4

esta historia con pedro empieza acá
sigue acá
esta es la tercera parte

a partir de ese primer encuentro, pedro y yo nos gustamos.
nos veíamos seguido, una vez por semana. salíamos a tomar un café, nos juntábamos en la biblioteca de puan o, simplemente, caminábamos.

pedro se reía mucho conmigo, todo el tiempo. al principio me molestaba, hasta que noté que su risa nerviosa era parte constitutiva de su personalidad. pedro estaba siempre nervioso. siempre. más cuando salía conmigo.

la paranoiqueaba. miraba alrededor, como temiendo lo inconfesable. nos veíamos tiempos rigurosamente cronometrados, una hora, a lo sumo hora y media, más era demasiado. pedro llegaba con cara de torturado a mi encuentro, se iba aflojando a la media hora y cuando faltaban quince minutos antes de irse todo en él volvía a ser oscuro. se ponía hosco, la conversación se cortaba, todo se volvía gélido. yo me prometía no volver a verlo, me mal humoraba su paranoia, sus cambios de humor, su nerviosismo. pero siempre, antes de irse, me abrazaba. fuerte. tan fuerte. me dejaba ahí un minuto, sin decir nada, me envolvía y yo terminaba nuestros encuentros pensando que no era tan malo al fin y al cabo.

nunca había pasado nada. ni un beso, nada. de nada. nada.

pedro esperaba, se acercaba, sopesaba sus posibilidades. y yo lo esperaba, inerte. nunca tuve demasiado problema con la gente comprometida, la verdad. pero siempre espere a que fuesen ellos quienes dieran el primer paso. que fuese una decisión hecha y derecha, digamos. que se hiciesen cargo de lo que iban a hacer.


pero nunca, nunca, nunca, me costó tanto que dieran el primer paso como con pedro.

pedro estaba preso, de las estructuras que creaba alrededor de el, de miedo, de conformismo.


igual, creo que lo que más lo bloqueaba era que, a diferencia de los otros, pedro la quería. la quería de verdad.

sin embargo había decidido, ya para esas alturas, que tampoco quería dejar de verme.
¿y entonces?