la unica diferencia entre la realidad y la ficción es que la ficción debe ser verosímil .- mark twain


mis padres fueron radicales, yo soy peronista, lo de progre vino por default. no entiendo la gracia de guardar secretos, nunca pude hacerlo; siempre lloro en todas las sesiones con mi analista así no siento que desperdicio 300 pé.

dos referencias básicas a la
hora de leer el blog: isidora es mi gata e inés mi psicóloga. con ellas conformamos el triángulo isóceles que perpetúa mi desequilibrio interior. y mis amigos, claro, protagonistas estelares de los numerosos diálogos que rellenan este blog. y mi mamá y mi papá que son los culpables de todos mis problemas emocionales (gracias freud).
que les sea leve, pues.


la vida no es como uno quiere. es como es (mirta legrand)

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dijo de belén el caricaturista historiador bobrow: "el idiolecto de la autora de este blog asume todos los tópicos culturales más políticamente incorrectos de occidente sin por ello asumir su carga ideológica".

miércoles, 12 de octubre de 2011

delicatessen porteña


Salí del teatro cagada de frío. Se me había dado por comprarme uno de esos enteritos de jean tipo short y strapless que están de moda. La moda siempre fue paralela a mí, ustedes saben, no es algo con lo que me tope muy seguido. Pero ayer a la tarde pasamos con Fernando por uno de esos localcitos escondidos y lo vi. Me lo probé y le pregunté a Fernando su opinión. Él, con una sonrisa que quería ser cómplice, me respondió:
- y, mirá, te queda como un salchichón.
Quién me conoce sabrá que soy de las que se ofenden rápido. Inmediatamente abrí la cortina dispuesta a vengarme del desalmáo y hacerle una escena. Miré a la vendedora y en un tono que mezclaba a la vez capricho y diversión, le solté:
- me dijo que parezco un salchichón! Que guacho!
La vendedora, no se si en su afán de vender  o porque instintivamente decidió ponerse del lado de nuestro genero, se río y me dijo que estaba divina. Yo, chocha. Imagínense que no hay nada que me guste más que que me recuerden lo linda que soy.
Para variar, me lo puse ese mismo día, a la noche. Mi mamá siempre se quejaba de que conmigo la ropa “de salir” no existía.  Si Belén se compraba algo tenía que estrenárselo  en ese mismo momento, y,  de ser posible, no sacárselo por tres días. Los que me acompañan en esta cosa de existir hace ya varios años recordarán mi vestidito rojo de gamuza... cuando me lo compré, fue amor a primera vista. Mi vieja tenia que correrme por el jardín para sacármelo y ponerlo a lavar, y se angustiaba porque yo lo usaba para todo : me lo ponía para ir a los cumpleaños, para jugar a “Dracula” y para subirme a los árboles.
En fin. Como uno se pone viejo pero las mañas siguen ahí, desprecié los nubarrones y la lluvia que se avecinaban sobre BsAs y me puse mi nuevo enterito para ir al teatro. De más esta decir que entendí mas pronto que tarde el terrible error que había cometido. Se estaba poniendo fresco, y, no se bien porque, por la zona del obelisco los ventarrones agarran mucha más fuerza. Igualmente cada vez que pasaba por un espejo o vidriera metía la panza para adentro,  me miraba y me sentía realizada. El tema fue cuando salimos. Típico de nosotros (un nosotros que comprende a Fernando y a mi, en esta relación new age que  genera sonrisitas entre cómplices y extrañadas), fuimos a ver a Gasalla pero a la fila mas barata. Somos tops, pero tampoco tanto. 
Al final de la obra la típica calma fernandina junto con el hecho de que el teatro estuviese lleno (igual, tanto brillo y taco alto no hizo flaquear mi amor a mi nuevo enterito) provocó que fuesemos los últimos en salir. Ni bien saqué la trucha del teatro supe que me iba a congelar esperando el colectivo, asique lo miré a Fernando y le dije:
- nos vamos en taxi, no lo negocio.
Fernando con toda la parsimonia asintió, y caminó con tranquilidad. Claramente es de esa gente que piensa que el mundo lo espera, o que, simplemente, uno tiene que ir andando y ya se verá. Convengamos que yo con un polar como el que él traía puesto también hubiese pensado de forma tan zen (bueno, tal vez no)…pero me cagaba de frio y  nunca me caractericé por mi paciencia. Fernando, sabiendo que era su deber ser un caballero, me ofreció titubeante su polar. Conociendo su baja tolerabilidad al fresco (y además porque no quería resignarme a tapar mi bello enterito, claro está) se lo rechacé con un mohín que expresaba mi creciente mal humor. Bruscamente traté de salirme del montón de gente que se atropellaba por alcanzar uno de los pocos taxis que pasaban por corrientes a las 2 am. 
Fernando, siempre tan tranquilo él, se dispuso a esperar detrás de una larga cola. Impaciente, y no de la mejor de las formas, le gruñí: 
-   crucemos la calle, apurate.
Por el medio de la avenida había logrado vislumbrar que venía un taxi, y estaba dispuesta a tomármelo aunque fuese lo último que hiciese, con o sin Fernando.
Increíblemente, logré que el taxista frenara en el medio de la calle y nos subimos. Al resguardo del frio la vida era mucho mas bella, asique me dispuse a desactivar mi mal humor. Sonriente, le dije al taxista la dirección.    
-- ¿es esa la esquina de Avellaneda?
Un poco asombrada por la ubicación del hombre asentí. Me apoltroné sobre el asiento trasero y miré a Fernando. Me dispuse a iniciar una charla agradable sobre la obra que habíamos visto. Solo habíamos cruzado unas pocas palabras cuando el taxista nos interrumpió:
- ¿la obra de Gasalla vieron? ¿que tal?
Pese a que hace seis años que vivo en BsAs, todavía me cuesta adaptarme a esta situación tan porteña en donde los desconocidos suelen iniciar charlas con gente como yo que aplicamos instintivamente esas máximas de “cuidado, no hables con extraños”. Suspiré y, en plan de ser tolerante, puse mi mejor sonrisa, intentando ser amable:
- estuvo bien, no se. Un poco verde, no nos gusta el humor tan burdo.
El taxista asintió y pareció darse por satisfecho. Acto seguido miré a Fernando intentando reiniciar la charla, mientras el tipo cambiaba la canción que veníamos escuchando y subía un poco, demasiado tal vez, el volumen. Mi intención de ignorar al tachero no logró llegar a buen puerto, ya que me desconcertó que un tipo de cincuenta y largos este escuchando el tema loca loca loca de Shakira. Lo miré a Fernando divertida y le comenté: 
-          ¿viste? Al final dice: soy loca come tigres, loca loca loca.
El tipo inmediatamente aumenta la voz, buscando sobrepasar a una Shakira que cantaba bastante alto: 
-          ahh, ¿dice eso? Yo escuchaba soy loca come pibes y me decía a mi mismo: pero esta Shakira ya esta estrellada.
Dado que Fernando parecía decidido a no responder y dejarme toda la responsabilidad del dialogo con el extaño a mí (como hace siempre, bha) sonreí con esfuerzo otra vez y dije: 
-          si, parece que dice come tigres, o como un tigre, algo así. Yo antes pensaba que decía: soy loca convencida, pero se ve que no.
El tipo lanzó una carcajada un tanto histriónica, y de pronto se puso como contento. Supo reconocer que le estaba dando un espacio y parecía dispuesto a no desaprovecharlo. Era su momento, y casi sin darnos cuenta comenzó a monologar a una velocidad increible:
--  Usté sabe, yo soy de una familia pobre de la provincia, 19 hermanos tengo, o tenía, vaya a saber cuantos quedan ya. Poooobres pobres, pobrísimos le diría. Tanto es así que imagínese que cuando uno es pobre pobre como éramos nosotros la gente ricachona le regala la ropita, ¿vio? Esa ropita que no le sirve, y uno se la via a poner así, porque es pobre. Pero tuve la desgracia, imagínese, de que yo le seguía a mi hermana, ¿vio? Asique yo heredaba soleritos, vestiditos, esas cosas. En el barrio no podía ni agacharme pá agarrar una moneda, ya que los muchachos se ponían cariñoso imagínese, yo, la solerita, en fin, usté me entiende.
La cara de asombro mezclada con terror de Fernando tras las declaraciones del hombre fue instantánea. A mi, que de porteña tengo nada pero de buscar almas gemelas tengo mucho, y que se que en esta ciudad la gente anda solita su alma, mas que en otros lares, me enterneció. Y a mí cuando un tipo me da ternurita cagué, ya entré como vaca al matadero. De pronto sentí que ese tipo y yo teníamos tan poco en común que estábamos hermanados vaya a saber porque. Divertida, lo alenté a seguir con un monologo que parecía ensayado frente al espejo del baño: 
-          ¿ah si? – dije muy seria. – Y, es que es fiero ser pobre.
- Claro m´hija. Además imagínese, pobre y negro, y bastante bruto. Que nada, una vez me rompí un dedo, fíjese, el de fakiu este que tengo acá, ¿lo ve? Duro lo tengo. Resulta que fui al dotor y me dijo: mire, más que enseyarselo, le voy a dar una cremita que se lo va a dejar durito durito. Y yo: ah que bueno  dotor, que lo que menos quiero es un dedo enyesado, que ni daba. Cuestión que le cuento a mi abuelo, ¿vio? Que vivíamos todos juntos en la casa grande, y el abuelito me dice enseguidita que si le prestaba un poco de esa crema, el me daba diez pesos. Imagínese que diez pesos para mi era la lotería, asique ahí se la lleve a la crema. Cuestión que a la mañana siguiente el abuelo se me aparece con $30. Y yo siempre fui de fiar, fíjese, que le dije: pero no abuelito, que eran 10 no 30. A lo que el viejo me respondió: ah, si m´hijto, el resto se lo manda la abuela.
Hizo una pausa, como esperando los aplausos. O tal vez para respirar, que se yo. Fernando seguía con los ojos como platos, asique me reí un poco mas de lo que ese chiste tan viejo y predecible podía causarme, intentando que el silencio de la mitad de su publico no se note tanto. Contento con el resultado, contraatacó:
- Porque los viejos son así, ¿vio? No se mueren si no quieren morirse. Mírele que yo la única desgracia por la que me quejo en la vida es la de la suegra que me toco. La vieja no es mala, no, pero si muy desagradecida. Fijate que hace un par de años que le compré un nicho en la Recoleta, ¿vio? Que bien caro me salió, y la vieja ni quiere usarlo, eso no se hace, no no no.
Impresionada, sonreí otra vez, esta vez acompañada de la sincera carcajada de Fernando. El tipo me miraba por el espejito retrovisor y yo sabia que él sabia que ya estaba, que ya me había ganado, y que ya no podría cortarle la conversación. Admitiendo mi derrota, comenté como al pasar, debido a que en ese momento sonaba  “La bomba loca”, de Cordera:
– que música alegre que tenés
- ah si, ¿vio? Es que la idea es que la gente se lleve algo del taxi, y no que solo le duelan los bolsillos al bajar.
De pronto miré al asiento que tenía enfrente y me di cuenta de  que la dentificación del conductor que suelen tener todos los taxis porteños no estaba. Se me erizaron los pelitos del brazo.
En un segundo imágenes de nuestros órganos metidos en bolsitas de plástico en un freezer de algún pueblito bonaerense con Shakira de fondo inundaron mis pensamientos (tengo esa costumbre belenistica tan sana de pensar siempre primero que me va a ocurrir lo peor). Igualmente me alivió el hecho de no haberme subido sola al taxi (no porque Fernando sea de lo más macho; sino porque simplemente una muerte tan terrible a solas no me hacía demasiado gracia), y lo agarré de la mano. El apretón que me pegó Fernando fue de total entendimiento. Nos preparamos a enfrentar, valerosos, lo que viniese. Nerviosa, miré la calle por la que transitábamos: Medrano. Que el camino que el taxista había elegido para llevarnos a casa no fuese el habitual aumentó mi nerviosismo. Sin embargo, haciendo gala de mi sangre fría, intenté mantener la conversación.
- esta canción, la de Cordera, me gusta mucho – dije, sintiendo que mis palabras sonaban bastante estúpidas.
El tipo asintió.
- hay que animar, ustedes saben. Igual, es difícil. A la noche por BsAs sube gente muy extraña. Voy a poner los seguros.
El sonido metálico de los cuatro pituquines bajando a la vez hizo que la atmósfera se volviera repentinamente más pesada. 
Haciendo un razonamiento ilógico, me tranquilicé pensando que había música. Inmediatamente asocié la imagen con la película “El resplandor”. Mientras haya música nada malo iba a suceder. El tipo continuó: 
- he visto cada cosa che. Yo soy viejo, soy del campo y encima policía, imagínese usté tantas cosas a la vez. Es difícil.
La palabra policía me erizó la piel. Cerré los ojos y los volví a abrir. Hay música,  belén , me dije. Decí algo ya: 
- claro, me imagino...
- si, si. Ni te cuento. Igual nada, trabajo ahora en el taxi porque me abrieron una causa. Era del servicio de inteligencia, custodié a vice presidentes, pero nada. Hace poquito tiempo un chorro entró a casa a los balazos, y me mataron a mi mujer y a mi hijo. Y yo lo maté, al tipo. Y me abrieron la causa. Viste como es esto.
El silencio que siguió rayó lo insoportable, como un ruido persistente y agudo que se eterniza en nuestros oídos. Me miró a los ojos por el retrovisor, y mantuvo el silencio, como esperando.
Mi cabeza iba a mil por hora. Miré a Fernando, con cara de espanto, y supe que él no iba a decir nada. Busque alguna palabra, algo que quebrara ese silencio insoportable, pero no, la nada misma.
- se quedaron helados – dijo decepcionado – Nada, asique ahora el tacho, viste. Me distraigo. Dos veces puse el arma sobre la mesita de luz, pero no pude. Y si no pude debe ser porque tengo que seguir.
Me miró otra vez por el espejito retrovisor. Lo único que supe hacer fue mirarlo fuerte. No podría decirles como se hace eso, pero estoy segura de que lo intenté.
Repentinamente dobló por una calle, y cayó en la puerta de casa. Fernando pagó, y le deseo buena noche mientras casi que literalmente corría fuera del auto. Yo, todavía inhabilitada para hablar, lo miré unos segundos. Le toqué el hombro y haciendo un esfuerzo sobre humano, medio que balbucié: 
-          fuerza che.
Me miró una última vez por el espejo retrovisor mientras guardaba la plata y musitó: 
-          gracias m´hijita. Vos también. Se que la necesitas.

9 comentarios:

  1. otra buena historia!
    bien ahí

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  2. salado.

    Tremenda historia.
    Siempre digo que la gente tiene siempre una historia que contar.
    Y ésta estuvo salada , salada

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  3. La cantidad de sentimientos que se me cruzaron al leer esto... cierto, es muy fuerte.

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  4. La cantidad de sentimientos que se me cruzaron al leer esto... tan fuerte, y realmente cuando alguien te cuenta algo así ¿qué podés decirle? No hay palabras... muy bien relatada además.

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  5. Huff....empece buscando alguna historia graciosa para pasar el rato y me quede tildada,nose si es la palabra,pero me gusto,bastante fuerte la historia del taxista,pero que bien intentaba pasar el momento,con musica....Nada,te sigo leyendo...sigo buscando historias que se me pasaron!


    Salu2!
    Cinnnnnnn

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  6. aaaaalaaaaaaaaa!!
    qué miedooo!! este si que dió miedooo!!
    ahora mi duda, se supone q si son hechos reales lo de tu blog o no estás contando pura historia??
    naaah pero cuál sea la respuesta, excelente el post >.<

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